El blog de la zoocióloga que quería ser escritora

ETERNAMENTE EN OBRAS - Este blogue naceu da cecesidade de sacar fora o meu mundo interior, como ferramente que me axudou a aprender a expresar e transmitir sentimentos en sensacións. Escribir foi o que fixo de min unha persoa que conseguiu evolucionar ata o punto no que me atopo hoxe.

Neste blogue atoparás textos en galego e en castelán porque dependendo do día no que esscriba e dos sentimentos do momento a lingua que se pronuncia pode ser calquera das dúas.

20 octubre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 10)

Haciendo memoria recordé lo que en la habitación de Brazi se había limpiado: ropa escasa, tanto en cantidad como en superficie de tela (shorts muy short, corsés de colores llamativos, tangas de hilos, faldas de infarto y alguna camiseta de tiras escotada); zapatos varios, me atrevería a decir que había más pares que conjuntos de ropa, y todos ellos con unos tacones de aguja muy altos; bolsos pequeños de colgar estilo bandolera; un juego de sábanas de una cama estrecha manchado de sangre; pastillas, analgésicas y antidepresivas; los diferentes papeles y documentos que hayamos entre los que cabía destacar alguna denuncia por robo y agresión y algún parte médico de ingresos por urgencias; la tarjeta de visita de un club nocturno; una llave con el número 29 en el llavero; un par de libros esotéricos, otro de costumbres gallegas y uno de amor; una botella de vino del malo vacía y restos de unas rayas en la mesilla de noche. Eso es todo lo que podía recordar en ese momento que me había llamado la atención en su momento y se lo pasé por correo a Quinto. Adjunté también los documentos que me había mandado Teté por correo y las fotos que se habían tomado de la habitación antes de limpiar en su momento.
Al ver de nuevo aquellos documentos me estremecí pensando en que Brazi podía ser la protagonista de la noticia que había leído en el periódico momentos antes de ir a visitar a Quinto. No quise profundizar de nuevo en el asunto con aquel material en el asunto y sumar así más leña en el fuego de la inquietud que me impedía dormir a veces desde la misteriosa desaparición y el descubrimiento de estos detalles desconcertantes. Una vez más traté de llamar a su teléfono móvil que seguía apagado igual que todas las otras veces que había intentado ponerme en contacto con ella. Con esta llamada se despertó en mi cabeza una idea, para saber si Brazi pagaba o no las facturas telefónicas decidí llamar a la operadora de telefonía haciéndome pasar por ella, tenía los datos necesarios: nombre y apellidos, número de teléfono, el de la factura anterior y por supuesto su número de identificación fiscal.
Conseguí que la operadora me dijera que figuraban tres impagos con diferentes importes y que el banco le había devuelto las últimas facturas por falta de fondos. Entonces colgué sin dejar al teleoperador que me había atendido terminar la frase. Me quedé helada un momento y mi cerebro trabajaba rápido haciendo conjeturas varias sobre el asunto una vez más. Decidí que para cortar la dinámica de preocupación de mi mente una ducha me vendría estupendo, así que me preparé para ello.
Me duché y me relajé con el agua cayéndome sobre la cara, me lavé el pelo y al salir me lo enrollé en una toalla. Cuando me disponía a echarme crema para hidratar la piel mi móvil sonó en mi habitación, acudí lo más rápido que pude a atender, era Quinto:
- ¿Estás lista? - preguntó - Acabé el trabajo en la oficina antes de lo que esperaba, ¿siguen en pié esas cañas?
- Por supuesto, Quinto... Justo ahora acabo de salir de la ducha... en media hora esto lista, ¿dónde me esperas?
- En La Esquina, ¿te parece?
- Perfecto, está a medio camino entre tu despacho y mi casa. Nos vemos allí en tres cuartos de hora.
- Pero si has dicho media hora... - protestó Quinto.
- Media hora para prepararme y quince minutos de margen para llegar, ¡qué prisas te han entrado ahora! - dije en tono firme pero amistoso.
- Vale, mujer... ¡qué borde eres a veces! - me replicó bromeando. Sabía perfectamente que no me gustaba mucho que me dijesen que era borde pero en el fondo tenía algo de razón. - Allí nos vemos pues, yo voy ya. Un besito, hasta ahora. - Y colgó.
- ¡Qué hombre, por Dios! - murmuré antes de volver al baño.
En media hora me había hidratado, secado el pelo, vestido y tendido la ropa a secar. Salí de casa sin coger las llaves y me di cuenta antes de llamar al ascensor. Llamé al timbre dos veces y Berte me abrió con su habitual cara de empanado, siempre que se encontraba en el piso estaba metido en su alcoba con sus historias de juegos, series y porros, muy rara vez hacíamos vida social en casa.
- Me dejé las llaves, gracias por abrir - le dije.
- Pues menos mal que ha sido ahora que si te llegas a ir, a lo mejor cuando volvieses ya no estaba pues me voy a casa de mis padres dentro de un rato - contestó a su ritmo habitual de porretilla y sonrió.
- Pues nada, que lo disfrutes. Yo he quedado para unas cañas con un amigo. Nos vemos. - me despedí con un gesto al que respondió igual.
Bajé lo más rápido que pude por las escaleras, pasé de usar el ascensor. Salí a la calle y el vientecillo me acarició la cara, me sentí bien al notarlo y eché a andar rumbo a La Esquina. Cuando llegué al lugar me dirigí al fondo y vi allí sentado a Quinto ojeando unos papeles con su cerveza y el pincho que le habían puesto con la consumición. Me senté enfrente y sin levantar los ojos de aquello me saludó con un escueto "hola".
- Muy concentrado te veo, Quinto.
- Estoy ojeando lo que me has mandado por correo porque todavía no entiendo muy bien la historia. - esta vez ya había levantado la mirada de los documentos y me sonrió al hablarme.
- Tú pregunta lo que necesites saber.
- Para empezar, ¿de dónde coño ha salido esta tía?
- Pues si te digo la verdad no lo sé muy bien. Contactó con mi casero, no conmigo... Yo lo que sé de ella es que trabajaba en hostelería pero no me dijo ni el nombre del hotel, ni hostias... Lo cierto es que no estuve muy fina a la hora de "conocerla" - y mientras decía esta palabra hacía las comillas con los dedos de ambas manos.
- Ah, vaya... eso aclara muchas cosas... - hizo una pausa y continuó - ¿pero tú estás tonta? Meter a una persona que no conoces... - le interrumpí antes de que empezase el típico sermón maternal.
- Shh... ¡Para el carro amigo! No necesito sermones... no estuve lista para preguntarle datos concretos sobre su vida, pero al fin y al cabo no soy yo quien alquila el piso sino mi casero.
Quinto se dio cuenta de que se había equivocado a la hora de ponerse en plan sermón y se disculpó:
- No pretendía ofenderte... pero me asalta muchas dudas al respecto. Aunque bueno, no hemos venido a tomar cañitas para hablar de esto sino para actualizarnos y charlar de cómo nos trata la vida últimamente.
- Cierto, cuéntame que tal te fue en tu viaje. Y por cierto, ¿tu madre ya está mejor? Es que la vi el otro día en el súper y tenía una gripe...
Hablamos de su madre, de la mía, de la familia en general del verano que habíamos pasado, de la vida, de política y como no del misterio que nos había reunido tras el periodo estival. Me enseñó un esquema temporal que había hecho desde la aparición hasta la desaparición de Brazi, era conciso y muy claro. Quien no supiera nada del tema y lo mirase a primera vista se podía hacer una idea de cómo estaba la situación. Yo le comenté que había llamado no hacía mucho a su operadora de telefonía móvil y que le constaban tres impagos con devolución de recibos, él reflexionó un momento y lo anotó en una agenda.

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