El blog de la zoocióloga que quería ser escritora

EN OBRAS - Este blog nació de la necesidad de sacar a fuera mi mundo interior, una herramienta que me ha ayudado a aprender a expresarme y transmitir mis sentimientos y sensaciones. Escribir me ha hecho persona y siendo persona he conseguido evolucionar hasta el punto donde me encuentro hoy, en pleno proceso de evolución.

01 noviembre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 12)

No me podía creer lo que me acababa de decir Quinto por teléfono y tenía ganas de saber más del asunto pero había prometido invitar a desayunar a Alice y tenía que cumplir mi palabra. Bajamos a la cafetería que había junto al piso, El Vaset, donde ponían un café medianamente bueno y tenían variedad de bollería como acompañamiento. Cuando entramos al local nos sentamos en una mesa que estaba libre en la esquina del fondo, la camarera vino a tomarnos la comanda:

- Un café con leche, una tostada de pan artesano con aceite de oliva y un zumo de naranja natural, por favor – pedí.

- Yo quiero un zumo, un cola-cao y… - vaciló un momento Alice - ¡Y una napolitana de chocolate! – dijo con firmeza.

- Lo siento, pero no nos quedan… cruasán, donuts, bizcocho y magdalenas artesanas.

- Vale, entonces pone unas magdalenas.

La camarera se fue a preparar nuestro pedido y nosotras seguimos sentadas hablando de nuestras cosas. Alice estaba bastante al tanto del misterio que rondaba mi vida en los últimos tiempos y me preguntó si había tenido noticias de Brazi. Le conté las últimas novedades sobre el asunto con la condición de que después me explicase por qué había decidido desaparecer sin más días atrás. Con el trato hecho y mientras nos servían el desayuno le comenté:

- Quinto me acaba de llamar para decirme que mis sospechas sobre el titular que te comentara de la aparición de un cuerpo femenino en la playa eran incorrectas. No veas el alivio que me supone esto, pensar que mi compañera de piso podía estar muerta me estremecía. Y más teniendo en cuenta las circunstancias…

- Normal, ya te dije yo en su momento que esta compañera de piso era un poco rarita – y cuando dijo esta última palabra hizo con las manos el gesto de las comillas para tratar de resaltar la matización – era muy rara su historia, y las pocas veces que he podido ir yo por tu piso daba la casualidad de que nunca estaba… bueno, salvo aquel día que escuché ruido en la habitación y luego la puerta de la entrada.

- ¿Cuándo fue eso? – pregunté extrañada.

- Tú dormías como un lirón… una de las últimas veces que pasé contigo antes de irme. No quise comentarte nada por lo impresionable que eres y a lo mejor dejabas de dormir al echar leña al fuego.

- ¿Qué me estás diciendo? ¿Me estás llamando algo? – pregunté algo molesta.

- A ver, Lu. Ahora me vas a decir tú que no eres impresionable… y cuando digo esto no quiero que sobreentiendas nada más allá de lo que, la simple, palabra quiere decir. Vamos que te impresionas con mucha facilidad – hice un gesto de desaprobación girando un poco la cara, pero me sentí menos molesta que la primera vez que lo dijo. – Y no me pongas esa cara, por favor, que no es nada malo. Tú y tus pequeños detalles, eso también forma parte de tu encanto personal, ¿qué le vamos a hacer?

Al decirme esto último me arrancó una leve sonrisa, siempre que mencionaba mis “pequeños encantos” lograba sacarme una y esta era una de esas formas de restar tensión a mi manera de tomarme las cosas. Sólo ella me conocía a tal profundidad que conseguía alterar mi estado de ánimo con un gesto o una palabra, Alice y su manera de mirar nunca me dejaban indiferente.

- Bueno, Alice… ¿me vas a contar qué ha pasado? Tantos días sin saber de ti me han tenido algo preocupada. Sé que sabes cuidarte muy bien, pero necesito saber, al menos, si estás bien en tantos días sin noticias.

- La razón es bien sencilla, necesitaba irme y me fui unos días. Necesitaba pensar, ya sabes, a veces necesito distanciarme del mundo para tomar perspectiva. Nunca me has pedido explicaciones así como yo no te las he pedido a ti… - tomó una pausa y le dio un trago a su cola-cao y mientras me miraba continuó – Sabes cómo soy, y así como a ti te gusta tomarte tus días de no hacer nada yo he querido hacer lo mismo en otro lugar… y ¿sabes? Me he dado cuenta de que te echo de menos… - me sonrió.

- Vaya… me dejas sin palabras… - su explicación me cogió por sorpresa, pensaba que se había enfadado y simplemente se había marchado de mi vida - … la verdad, no sé qué decir. Pensé…

- Ya sé, tú siempre piensas que la gente se enfada cuando no te dicen lo que quieres oír, de ahí lo que decía antes… eres impresionable – volvió a sonreír, para mitigar mi reacción que, en un principio, no fue buena al escuchar esto. – No todo gira en torno a ti, tienes que entender que hay cosas que pasan que tú no provocas… Y no quiero que te tomes a mal mis palabras… sólo piénsalo un poco y analiza tus reacciones ante diferentes situaciones, verás como algo de razón llevo en esto.

- Puede que sí… – acababa de escuchar algo que no me gustaba del todo pero en el fondo sabía que tenía sentido lo que estaba diciendo – no lo puedo evitar… Si desapareces después de un pequeño malentendido es, al menos, razonable que pueda pensar que haya sido yo o lo que he dicho quien ha provocado el resultado. No sé… Y sobre todo cuando no sé nada… ni bueno, ni malo… ¡nada! ¿Y qué quieres que haga? Me preocupo… al menos si me hubieras dicho que necesitabas espacio lo hubiese entendido… porque si algo es enteramente cierto, es que estos días también te he echado mucho de menos – y mientras decía esto me agarró la mano con la suya y me apretó e un gesto de cariño, cosa que no solía hacer a menudo en público.

¡Ring, ring! Mi teléfono volvió a sonar, miré a Alice disculpándome con un gesto y contesté. Era mi madre para saber qué era de mi vida y si iba a pasarme a verla en los próximos días, le dije que tenía que trabajar y que la llamaría cuando fuese a comer. Fue una conversación breve y nada más colgar volvió a sonar el móvil, sin mirar la pantalla pensé que era ella de nuevo y contesté:

- ¿Qué se te olvidó decirme, mamá? – contesté con algo de desaire.

- Pues verás, no soy tu madre… Soy Pedro, pero... ¿Cómo le hablas así a tu madre? - emitió una carcajada que no me hizo mucha gracia, me encontraba completamente descolocada ante mi metedura de pata - Quería comentarte un par de detalles respecto al piso.