El blog de la zoocióloga que quería ser escritora

EN OBRAS - Este blog nació de la necesidad de sacar a fuera mi mundo interior, una herramienta que me ha ayudado a aprender a expresarme y transmitir mis sentimientos y sensaciones. Escribir me ha hecho persona y siendo persona he conseguido evolucionar hasta el punto donde me encuentro hoy, en pleno proceso de evolución.

01 octubre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 5)

A mediados de agosto y con mi segunda vuelta al trabajo, me encontraba sin noticia alguna sobre el paradero de mi compañera de piso, Brazi. La mayoría de las noches que pasaba en casa lo que hacía para tranquilizar esa sensación de incertidumbre que se había despertado en mi mente, era dejar la llave traspuesta y la cadena de la puerta de la entrada al piso puesta. Por suerte, durante todos esos días no tive mayor sobresalto taciturno.

Mi rutina era sencilla, me levantaba a las siete y media de la mañana, me duchaba y arreglaba para ir a trabajar y volvía, salvo excepción, a las seis y media de la tarde. Ni por la mañan, ni por la tarde, así como tampoco por la noche, escuché ruidos en la habitación del fondo. Por la noche no se observaba luz bajo su puerta así que sólo me cabían dos explicaciones posibles: que se encontrara dentro de la habitación (muerta, inconsciente o viva) y que tendría entrado en algún momento en el que yo no me encontraba en el piso y la otra es que no estuvera allí, por lo que el abanico de posibilidades sobre su paradero se abría hasta el infinito.

Me quedé algo tranquila cuando, con el paso de los días el piso no empezó a oler mal así que la conjetura que me había montado en la mente de encontrarme un cadáver en la habitación del fondo el día que decidiese volver a entrar se disipó completamente. Pedro, el casero, me llamó aquella misma semana para informarme que quería pasarse por el piso a ver si la mujer desaparecida se había instalado o no en el piso. Quedamos al día siguiente de su llamada y esta vez, de forma lícita y normal accedimos a la habitación con una llave que tenía el casero.

No os podéis imaginar la cara que se le puso a Pedro al ver tanto desorden, echó una ojeada y vio lo que yo había visto hacía algunos días y no daba crédito a tal desorden y misterio. Yo me asomé tímidamente y me sorprendió ver que todo estaba como la primera vez que había visto el percal, no tuve ni que fingir asombro ante tal escenario desconcertante. Solo pude exclamar "¡¿Pero qué coño...?! Me mantuve en el umbral de la puerta observando el panorama mientras el casero se dio un paseo por la habitación, entonces pude ver en el suelo la nota que hacía varios días Pedro le había deslizado por debajo de la puerta, era un folio doblado que se encontraba en la misma posición en la que había sido introducido en el cuarto. Esta segunda vista del cuarto me permitió fijarme en un par de detalles más en los que no había reparado en mi primera intrusión.

Las dos maletas seguían en el mismo lugar, abiertas y desbaratadas, algunas prendas de ropa estaban por el suelo, los zapatos seguían encima de la cama, las mantas que yo le había dejado estaban en el suelo y todavía sin usar, pues guardaban su posición de doblez que yo le había dado en su día. El baño seguía sin enseres personales, había un papel que parecía una factura telefónica tirado a los pies de la cama, unos libros encima del escritorio y una botella de Kas con agua en su interior en el que floraban varias colillas. No tardamos ni cinco minutos en abandonar la alcoba, Pedro cerró de nuevo la puerta con llave. El casero solo pudo expresar su asombro y su desagrado ante el panorama hayado y se fue del piso enseguida.

Yo seguí mi vida cotidiana pensando en lo extraño del asunto, el casero decidió que iba a cambiar la cerradura del piso y sacar las cosas de Brazi de la habitación, para poner de nuevo en alquiler la habitación del fondo. Después de tanta emoción me tocó disfrutar de un fin de semana largo que aproveché al máximo con mis ahijados en mi tierra natal. Volví de mis microvacaciones casi al mismo tiempo que Berte se instalaba de nuevo en el piso para reanudar su vida académica en la ciudad olívica. Cuando le conté la historia que hasta el momento sabéis se quedó tan sorprendido como el casero el día que abrió aquella puerta. Ya llevábamos más de un mes sin saber nada de la compañera fantasma.

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