
Esta mañana me levanté con sueño para ir a clase, aún dormida reflexioné sobre qué pantalón me pondría y me decidí por el vaquero que se encontraba en la cestilla de la ropa planchada en la habitación de enfrente. Dormidísima de toda me puse el pantalón y me senté en la silla del escritorio para disponerme a calzarme así que veo una araña de jardín de tamaño considerable subiendo por la pernera del pantalón. Logré sofocar el grito que mi alma quiso expresar, misteriosamente el sueño había desaparecido y me hice la mujer más veloz del mundo. Agité la pierna de manera compulsiva hasta que la araña se calló al suelo, una vez allí tardé dos décimas de segundo de coger unas zapatilla de deportes y se la dejé caer encima. El ruido fué considerable, no era plan de ponerse a gritar "¡una araña, una araña!" a las ocho de la mañana, correría el riesgo de ser aplastada como le ocurrió al arácnido por un manotazo de mi hermano. La raña era una cosa tal que así. Que os la disfruteis... Mordiscos que los besos van caros.
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