
Como un pececillo, el de la foto, cambio de punto de mira. Antes estaba en mi pecera, trabajando para una empresa pequeña en la que, considero, nunca se ha valorado mi trabajo. Creo que he cumplido con mis obligaciones y con alguna que no era mía, y ¿qué recibí a cambio? Básicamente, no mucho.
Hoy salto desde lo pequeño a algo más grande, de un pueblo a una ciudad, de una empresa de venta al pormenor a un mayorista. Toca cambio de domicilio, cambio de costumbres, de trabajo, compañías, horarios... Abandono otra vez el nido, esto me trae recuerdos. La diferencia ahora es que al contrario de la otra vez, esta vez me mudo porque siempre he tirado mucho por este lugar, la ciudad olívica. Paso de la tranquilidad de un pueblo al stress de una ciudad relativamente grande. Espero adaptarme pronto y vivir a gusto, esperando que mi pareja aguante la pesadilla de aguantarme todos los días.