El blog de la zoocióloga que quería ser escritora

ETERNAMENTE EN OBRAS - Este blogue naceu da necesidade de sacar fora o meu mundo interior, como ferramente que me axudou a aprender a expresar e transmitir sentimentos en sensacións. Escribir foi o que fixo de min unha persoa que conseguiu evolucionar ata o punto no que me atopo hoxe.

Neste blogue atoparás textos en galego e en castelán porque dependendo do día no que esscriba e dos sentimentos do momento a lingua que se pronuncia pode ser calquera das dúas.

09 abril, 2010

Capítulo IV. De vuelta en casa

Tras una larga mañana en la oficina con mucho papeleo, decidí tomarme la tarde libre, tenía que salir pronto para ir a comer y después a comprarle los accesorios que necesitaba mi nuevo compañero peludo que aguardaba mi vuelta a casa. Comí en un restaurante al lado de la oficina en el que tenían menú del día a muy buen precio, en el que a veces lo hacía con mis compañeros de trabajo. Al terminar me pasé por la tienda de mascotas “Cánido Félix” que estaba a diez minutos de la oficina, compré un par de cuencos para Shadow, para el agua y la comida, una cama acolchada para gatos de lo más sencillo y barato (no fuera a ser que no le gustara su cama), un transportín, arena absorbente y comida. Quería comprarle también un rascador de uñas pero como había ido caminando a trabajar no podía llevármelo todo de un solo viaje.

Por la tarde había quedado de nuevo con Julia en mi casa para que se pasara a conocer al gato con el que compartía desde anoche mi casa. A pesar de que no le gustaban los felinos, ella sentía curiosidad por conocer a mi nuevo amigo ese mismo día.

Cuando llegué a casa me encontré a Shadow durmiendo encima de mi cama y al hacer un poco de ruido en la cocina se despertó y vino a ver qué pasaba. Le llené los cuencos de comida y agua y en cuestión de segundos ya estaba comiendo como si le fuese la vida en ello. Recogí un poco el piso, puse la nueva cama del gato en el sillón individual que tenía en el salón, me senté a ver la televisión y cuando el gato terminó de comer estuvo olisqueando su nuevo lecho unos segundos. Parecía que no le gustaba demasiado porque enseguida se vino a tumbar en mi regazo.

Shadow se durmió conmigo en el sillón, al principio lo escuchaba ronronear, se veía que estaba muy a gusto, y ese sonido me relajaba mucho. En la tele estaban poniendo un capítulo que ya había visto de la serie que seguía en esa época, así que no le hice mucho caso y dejé que el sueño me sumergiera en una pequeña siesta. Me desperté unos treinta minutos después con energías renovadas, miré a Shadow que seguía a mi lado durmiendo y sonreí. No sabía si los gatos tienen sueños pero por la manera en que movía los bigotes mi peludo amigo empezaba a pensar que era muy probable que sí. Bostecé y me estiré en el sofá y con el movimiento no pude evitar despertarlo, el me miró con cara de sueño pero enseguida se incorporó, se quedó sentado y comenzó a mover la cabeza de un lado a otro, como buscando algo que se le hubiera perdido, me volvió a mirar y luego se quedó viendo fijamente al teléfono, sus pupilas se dilataron y sus orejas se tensionaron, entonces bufó dos veces sin quitarle el ojo al terminal.

Sonó el teléfono de casa y me sobresalté un poco, el gato me miró de nuevo y volvió a quedarse con la mirada fija en teléfono, volvió a bufar y bajó al suelo intentando escapar del molesto ruido que hacía al sonar. Desconcertada, me levante y contesté titubeante:

- ¿Diga?

- … - no contestaba nadie al teléfono - … tienes un mensaje… – dijeron en voz baja y enseguida colgaron. Me quedé mirando el teléfono extrañada, no sabía quién ni a qué se refería con esa frase. Pensé entonces en lo que me había comentado Julia de que no era posible tanta casualidad, eran demasiados detalles desconcertantes y empecé a preocuparme un poco por los sucesos que me habían acontecido en los últimos días.

El gato había dejado de mirar el teléfono y ahora ya estaba tranquilo, se paseó hasta la cocina y yo me quedé pensativa. Esto empezaba a sonar raro: primero las llamadas a la oficina, los faxes en blanco, la sensación de verme perseguida, la sombra en el parque de enfrente de mi casa, el sobrecito con el mensaje ilegible y el misterioso símbolo a pie de página. Y ahora, por si fuera poco, comenzaban llamadas misteriosas a mi domicilio particular. Era momento de empezar a preocuparme porque por mucho que intentara buscarle una explicación a cada acontecimiento por separado no era capaz de hacerlo, barajaba con más fuerza la posibilidad que todo tenía relación.

Miré el reloj y eran casi las cinco, sabía que Julia no tardaría mucho así que me fui al estudio, puse música para intentar no pensar y me puse a leer un libro. Llevé conmigo el inalámbrico por si volviesen a llamar y Shadow se quedó pululando por la cocina. Llevaba algunos minutos leyendo cuando levanté un momento la vista del libro y miré hacia fuera por la ventana, en el parque estaban jugando algunos niños y por un momento pensé en mi niñez, me hubiese gustado poder disfrutar como ellos del parque con sus padres como lo estaban haciendo ahora. Escuché correr al gato por casa y me levanté para ver qué le ocurría, se había quedado en el pasillo quieto con sus ojos puestos en la puerta de entrada, agazapado medio oculto entre la pared y el paragüero, sin siquiera parpadear, viendo fijamente hacia la entrada. Sonó el timbre y me acerqué a la puerta, miré a través de la mirilla y pude ver a Raúl. Shadow seguía agazapado mirando fijamente, con las orejas tensas de nuevo y bufando con las pupilas como platos, en cuanto abrí se fue hacia el estudio.

- Hola, no te esperaba… ¿cómo has entrado? - le dije haciendo un gesto para invitarlo a pasar sin muchas ganas.

- Hola cielo, el portal estaba abierto así que subí, quería darte una sorpresa – dijo Raúl amablemente – llevamos varios días que no hablamos, no sé nada de tu vida últimamente y decidí pasar a verte. – ciertamente no esperaba verle y tampoco me había apetecido hablar con él en la última semana.

- Verás, no es muy buen momento – le dije – estoy esperando a Julia, tenemos trabajo – le estaba mintiendo descaradamente – y necesito tranquilidad. Ya sabes cómo soy cuando tengo trabajo y también sabes que no me gustan demasiado las sorpresas de este tipo – le reproché por la inesperada visita.

Le había dejado perfectamente claro que lo nuestro no era una relación formal, sólo éramos muy buenos amigos que compartían muy buen sexo y yo era demasiado independiente como para comprometerme con una relación. Odiaba tener que estar pendiente del móvil, de responder a las llamadas, dar explicaciones de porqué y porque no. Llevábamos algunos meses como algo más que amigos y él se estaba empezando a colgar demasiado. Hacía ya unos días que había pensado en dejarlo para evitar que eso fuera a más y por eso había estado esquivándolo los últimos días.

Raúl era muy buen amigo y amante, a veces algo dependiente de mí. Se comportaba conmigo como si fuésemos novios con previsión de futuro y esas cosas, así que me tocaba aguantar algo de romanticismo y gestos de amor, un amor que yo no sentía. Pese a todo el seguía teniendo conmigo detalles de perfecto amante, en un par de ocasiones había mandado una caja de bombones y unas flores a la oficina y no me había gustado nada el detalle, de hecho había tenido una discusión bastante fuerte con él. Mi debilidad era el sexo, entre los dos había una atracción que no podía refrenar, siempre solíamos acabar retozando en la cama pero me había prometido a mí misma alejarme un poco de su persona y así evitar tentaciones.

- Sólo quería verte, cariño – cada vez que escuchaba como se refería a mí con palabras como cielo o cariño, respiraba muy profundo para no contestar mal porque sabía que lo hacía con buena intención y aunque no me gustaba eso, el aprecio que sentía me hacía aguantar esos momentos - ¿No te alegras de verme?

- Claro que me alegro, Raúl, pero ya te he dicho que no es un buen momento, tengo mucho trabajo, te lo repito… y bueno, el trabajo es el trabajo, ya lo sabes…

- Cierto, y pido perdón por ello pero necesitaba verte, saber que estás bien y besarte si me lo permites – se acercó para besarme en los labios pero yo giré la cara poniéndole la mejilla, no quería volver a caer en sus artimañas sexuales - … pero… ¿me giras la cara?... no lo entiendo, la última vez… me lo pasé muy bien… creía que repetiríamos…

- … - puse cara de resignación conteniendo las ganas de contestarle y echarlo a patadas por venir de sorpresa y buscar besos cuando yo no quería, pero respiré profundo y dije – Me lo paso muy bien contigo, ya lo sabes pero creo que deberíamos hablar del tema con más calma, pero por favor no hoy.

- … vale… - dijo no muy con vencido – pero promete que me llamarás esta semana, necesito hablar contigo y aclarar ciertas cosas.

- Prometido – le di un beso en la mejilla, lo abracé y se fue.

Miré de nuevo a Shadow, que había vuelto se había puesto de nuevo entre la pared y el paragüero, mirando fijamente a la puerta ya cerrada, quieto. Escuché los pasos de Raúl bajando por la escalera y como se cerraba el portal del edificio al salir, pocos segundos después el gato comenzó a actuar con normalidad. Me había sorprendido la reacción de mi felino amigo, primero con la llamada y después con la visita de Raúl que me había hecho sentir violenta por tener que darle largas de esa manera. Shadow había estado tanteando la situación desde su escondrijo, velando por mi tranquilidad.

Volví al estudio para seguir leyendo un rato hasta que llegara Julia. Llevaba unas diez o doce páginas cuando sonó el timbre, esta vez era Julia, le abrí el portal y luego la puerta de mi apartamento, con esta visita Shadow no se comportó de manera extraña. Sólo miró hacia la puerta cuando entró Julia y se paseó por casa buscando con qué entretenerse.

08 abril, 2010

Hora de pedir disculpas

Queridos lectores y lectoras:
He de pedir discuplas por tener el blog desatendido en este último tiempo pero me he cambiado de piso y no he tenido conexión hasta hace un par de días pero como no estuve en casa es como si nada. Sólo quería escribir a modo de disculpa e idicaros que mañana subiré el nuevo capítulo de la serie... espero que sea de vuestro agrado. Gracias por leerme!

26 marzo, 2010

Capítulo III. El desayuno

Entré por la puerta de la cafetería “Breakfast” cinco minutos más tarde de la hora a la que se suponía que habíamos quedado Julia y yo, me senté en la mesa del rincón, donde solíamos hacerlo cada mañana. Como de costumbre Julia llegaba tarde y su media hora se convertirían en cuarenta o cincuenta minutos, puede que quizás una hora entera. Cogí uno de los periódicos del bar y me puse a leer las noticias de la mañana. En portada aparecía la foto de un accidente de tráfico que se había producido en la circunvalación, cerca del polígono industrial, se habían visto implicados dos coches, un turismo de alta gama de una conocida marca alemana y una furgoneta de reparto, el conductor del turismo había salido gravemente herido y el repartidor, por suerte para él, había salido ileso. Al parecer el turismo había tenido la culpa del aparatoso accidente.

Estaba leyendo los detalles de la noticia cuando alguien entró ruidosamente en el bar. Levanté la vista del periódico y pude ver al borracho de turno que buscaba más bebida para continuar ahogando sus penas, enseguida el camarero lo echó del local. Continué leyendo la noticia que describía lo que se creía que era la causa del accidente, se decía que el turismo probablemente circulaba a demasiada velocidad y al pisar un charco convertido en hielo durante la fría noche pasada, que hizo al conductor peder el control del coche terminando por impactar contra la furgoneta de reparto que venía en sentido opuesto por su carril. Hasta el momento todo eran suposiciones de los agentes de la ley que habían acudido al lugar del accidente.

Después de leer la sección de sucesos leí a las tiras cómicas, me reí y ojeé algunas noticias de política, economía y sociedad. Estaba leyendo algunos titulares en la sección internacional del diario cuando Julia apareció por la puerta apresuradamente y disculpándose por la tardanza, sin ni siquiera haberse sentado. A mí ya me habían servido el café e iba por la mitad, enseguida pidió un té con leche y una tostada para desayunar y se acomodó enfrente de mí. Nada más sentarse dijo:

- Cuéntame, pillina… ¿qué has hecho anoche tan importante como para no llamarme? – Y se rió pícaramente insinuando que yo había quedado con mi amigo y amante ocasional, pero por suerte o desgracia estaba equivocada.

- No, Julia, no he quedado con mi amiguito – resaltaba esta palabra para darle el retintín que ella había utilizado en su pregunta – que por cierto, se llama Raúl. A ver si dejas de referirte a él con todos los nombres que empiezan por “erre”.

- Entonces… ¿simplemente saliste tarde de la oficina tan cansada que ni una cervecita te apeteció tomarte conmigo?

- Básicamente salí de la oficina tarde y se me olvidó llamarte, iba pensando en el documento que me habían pasado para revisar antes de publicar… -hice una pausa - De camino a casa me pasó algo extraño, cuando iba atravesando los callejones por los que atajo… ¿sabes a cuales me refiero?

- Sí, esos por los que una mujer normal no pasaría a altas horas de la noche por precaución… esos en los que en ocasiones pasan cosas… digamos, raras… o más bien ilegales.

- ¡Bah! – dije quitándole hierro al asunto – no es tanto como lo pintan, en el tiempo que llevo trabajando contigo sólo he visto a algún chaval trapichear con hierba o hachís en el callejón, así que no son tan peligrosos como te crees. Pero a lo que iba, ayer cuando volvía por ahí tuve la sensación de que me seguían, me sentí observada y perseguida – contaba mientras daba un sorbo a mi café, paré unos segundos y continué – a pesar de esa sensación… que reconozco que me he asustado un poco… ocurrió algo bueno, un ruido me asustó bastante pero cuando me acerqué para descubrir qué ocurría me encontré un gato negro de a penas unos siete meses. Decidí adoptarlo y me lo llevé a casa.

- Pero Alice… sólo a ti se te ocurre llevarte a casa al primer ser desvalido que te encuentras en tu camino… y después de un susto como ese – sonrió y me miró con un gesto de desaprobación y siguió – si hubiese sido yo aún estaría corriendo ahora. Y para colmo te llevas a un gato cotroso, sucio y asqueroso a casa a la primera de cambio.

Sabía perfectamente que a Julia no le gustaban los gatos, y mucho menos los callejeros, pero al fin y al cabo era mi vida y yo decidía con quien compartirla, también sabía que me decía aquello para que me deshiciera de mi nuevo amigo. Dejó de criticar a mi nuevo amigo cuando continué por contarle la sensación de sentirme perseguida hasta mi casa, le dije además lo de la sombra en el parque de enfrente de mi casa y el susto nocturno que Shadow me había dado al romper el vaso.

- Pues sí que te pasan cosas raras a ti últimamente ¿no? El otro día con las llamadas esas, las que al descolgar no tenían respuesta, sólo silencio. También están los faxes en blanco que llegaron a la oficina… ¿serán coincidencias? – Me decía Julia algo preocupada. – no sé si deberías comentárselo a la policía, no vaya a ser un perturbado acosador que quiere hacerte daño.

- ¡No seas exagerada!, no creo que sea para tanto, lo de los faxes seguro que fue un error, las llamadas… hay mucho gracioso suelto por ahí, incluso podría haber sido algún compañero de la oficina… yo qué sé… tampoco creo que deba preocuparme mucho. - dije en tono algo humorístico para evitar preocuparla más y empezar a preocuparme seriamente a mí misma.

- Yo no estaría muy tranquila… mucha coincidencia junta para mi gusto y estos temas me ponen la piel de gallina… mira nena, no lo quiero ni pensar. Sabes me preocupo por ti, eres una de mis mejores amigas, y por supuesto no quiero que te pase nada malo…

Continuamos un rato más con la conversación de lo acontecido durante las últimas veinticuatro horas. Le comenté el tema del sobrecito, le dije que contenía una llave azul y un mensaje ilegible. Me pidió verlo así que se lo enseñé, se sorprendió al ver la llave que era un tanto extraña y su color le había llamado la atención. Sin duda le llamó más la atención el dibujo a pié de nota.

- Este dibujo me suena de algo, creo que lo he visto en algún sitio pero ahora no puedo recordar dónde – dijo intrigada mirándome fijamente, me devolvió la llave y se quedó de nuevo observando el dibujo pensativa. - ¿dónde habré visto yo este dibujo antes?

- No lo sé, Julia, no estoy metida en tu mente… tú eres muy despistada pero seguro que te acordarás en el momento menos esperado, como siempre… - nos quedamos unos segundo más mirando el dibujo por si a Julia le venía la inspiración y se acordaba de dónde podría haber visto ese símbolo.

El dibujo era como un ojo o un pez con un círculo en su interior, rodeado por lo que suponía que era una elipse que envolvía el centro de lo que yo suponía que era ese cuerpo de un pez a la que me refiero. Me recordaba un poco a una arroba pero en lugar de encerrar una “a” en su centro encerraba esa forma característica del cuerpo de los peces que dibujan los niños pequeños o la forma que dibujan los párpados sobre el globo ocular. Debajo de esta especie de arroba había dos ondas, una encima de la otra. Pensé a lo largo del café en qué podría significar este mensaje misterioso. Nos quedamos charlando un rato más sobre el tema hasta que llegó la hora de entrar a trabajar, hicimos suposiciones sobre el significado del mensaje, incluso llegamos a bromear con que ese mensaje podría ser de una momia egipcia que había despertado y buscaba venganza, era nuestra forma habitual de quitar importancia a las cosas (ridiculizarlas hasta tal punto que resultara imposible creerlas). Lo cierto es que el dibujo podía parecerse un poco a algún símbolo egipcio. Tomamos el café, guardé el sobre y su contenido en el bolso, nos levantamos y nos fuimos a la oficina.