El blog de la zoocióloga que quería ser escritora

ETERNAMENTE EN OBRAS - Este blogue naceu da necesidade de sacar fora o meu mundo interior, como ferramente que me axudou a aprender a expresar e transmitir sentimentos en sensacións. Escribir foi o que fixo de min unha persoa que conseguiu evolucionar ata o punto no que me atopo hoxe.

Neste blogue atoparás textos en galego e en castelán porque dependendo do día no que esscriba e dos sentimentos do momento a lingua que se pronuncia pode ser calquera das dúas.

17 noviembre, 2011

Paréntesis

Queridos y queridas fans,
he de decir que tengo el blog muy parado porque se me perdió un poco la inspiración. No son buenos tiempos y por motivos familiares ando con la mente ocupada y no soy capaz de sentarme a escribir la continuación de la misteriosa historia a las que o tenía acostumbrad@s. Así que os pido disculpas, espero poder retomarla lo antes posible porque ya tengo muchas ideas para continuar.
Eso sí, no dejo de escribir lo que me pasa para liberarme pero no lo publico aquí, así que disculpad mi ausencia pero me estoy tomando un Kit-Kat. Un abrazo enorme!

01 noviembre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 12)

No me podía creer lo que me acababa de decir Quinto por teléfono y tenía ganas de saber más del asunto pero había prometido invitar a desayunar a Alice y tenía que cumplir mi palabra. Bajamos a la cafetería que había junto al piso, El Vaset, donde ponían un café medianamente bueno y tenían variedad de bollería como acompañamiento. Cuando entramos al local nos sentamos en una mesa que estaba libre en la esquina del fondo, la camarera vino a tomarnos la comanda:

- Un café con leche, una tostada de pan artesano con aceite de oliva y un zumo de naranja natural, por favor – pedí.

- Yo quiero un zumo, un cola-cao y… - vaciló un momento Alice - ¡Y una napolitana de chocolate! – dijo con firmeza.

- Lo siento, pero no nos quedan… cruasán, donuts, bizcocho y magdalenas artesanas.

- Vale, entonces pone unas magdalenas.

La camarera se fue a preparar nuestro pedido y nosotras seguimos sentadas hablando de nuestras cosas. Alice estaba bastante al tanto del misterio que rondaba mi vida en los últimos tiempos y me preguntó si había tenido noticias de Brazi. Le conté las últimas novedades sobre el asunto con la condición de que después me explicase por qué había decidido desaparecer sin más días atrás. Con el trato hecho y mientras nos servían el desayuno le comenté:

- Quinto me acaba de llamar para decirme que mis sospechas sobre el titular que te comentara de la aparición de un cuerpo femenino en la playa eran incorrectas. No veas el alivio que me supone esto, pensar que mi compañera de piso podía estar muerta me estremecía. Y más teniendo en cuenta las circunstancias…

- Normal, ya te dije yo en su momento que esta compañera de piso era un poco rarita – y cuando dijo esta última palabra hizo con las manos el gesto de las comillas para tratar de resaltar la matización – era muy rara su historia, y las pocas veces que he podido ir yo por tu piso daba la casualidad de que nunca estaba… bueno, salvo aquel día que escuché ruido en la habitación y luego la puerta de la entrada.

- ¿Cuándo fue eso? – pregunté extrañada.

- Tú dormías como un lirón… una de las últimas veces que pasé contigo antes de irme. No quise comentarte nada por lo impresionable que eres y a lo mejor dejabas de dormir al echar leña al fuego.

- ¿Qué me estás diciendo? ¿Me estás llamando algo? – pregunté algo molesta.

- A ver, Lu. Ahora me vas a decir tú que no eres impresionable… y cuando digo esto no quiero que sobreentiendas nada más allá de lo que, la simple, palabra quiere decir. Vamos que te impresionas con mucha facilidad – hice un gesto de desaprobación girando un poco la cara, pero me sentí menos molesta que la primera vez que lo dijo. – Y no me pongas esa cara, por favor, que no es nada malo. Tú y tus pequeños detalles, eso también forma parte de tu encanto personal, ¿qué le vamos a hacer?

Al decirme esto último me arrancó una leve sonrisa, siempre que mencionaba mis “pequeños encantos” lograba sacarme una y esta era una de esas formas de restar tensión a mi manera de tomarme las cosas. Sólo ella me conocía a tal profundidad que conseguía alterar mi estado de ánimo con un gesto o una palabra, Alice y su manera de mirar nunca me dejaban indiferente.

- Bueno, Alice… ¿me vas a contar qué ha pasado? Tantos días sin saber de ti me han tenido algo preocupada. Sé que sabes cuidarte muy bien, pero necesito saber, al menos, si estás bien en tantos días sin noticias.

- La razón es bien sencilla, necesitaba irme y me fui unos días. Necesitaba pensar, ya sabes, a veces necesito distanciarme del mundo para tomar perspectiva. Nunca me has pedido explicaciones así como yo no te las he pedido a ti… - tomó una pausa y le dio un trago a su cola-cao y mientras me miraba continuó – Sabes cómo soy, y así como a ti te gusta tomarte tus días de no hacer nada yo he querido hacer lo mismo en otro lugar… y ¿sabes? Me he dado cuenta de que te echo de menos… - me sonrió.

- Vaya… me dejas sin palabras… - su explicación me cogió por sorpresa, pensaba que se había enfadado y simplemente se había marchado de mi vida - … la verdad, no sé qué decir. Pensé…

- Ya sé, tú siempre piensas que la gente se enfada cuando no te dicen lo que quieres oír, de ahí lo que decía antes… eres impresionable – volvió a sonreír, para mitigar mi reacción que, en un principio, no fue buena al escuchar esto. – No todo gira en torno a ti, tienes que entender que hay cosas que pasan que tú no provocas… Y no quiero que te tomes a mal mis palabras… sólo piénsalo un poco y analiza tus reacciones ante diferentes situaciones, verás como algo de razón llevo en esto.

- Puede que sí… – acababa de escuchar algo que no me gustaba del todo pero en el fondo sabía que tenía sentido lo que estaba diciendo – no lo puedo evitar… Si desapareces después de un pequeño malentendido es, al menos, razonable que pueda pensar que haya sido yo o lo que he dicho quien ha provocado el resultado. No sé… Y sobre todo cuando no sé nada… ni bueno, ni malo… ¡nada! ¿Y qué quieres que haga? Me preocupo… al menos si me hubieras dicho que necesitabas espacio lo hubiese entendido… porque si algo es enteramente cierto, es que estos días también te he echado mucho de menos – y mientras decía esto me agarró la mano con la suya y me apretó e un gesto de cariño, cosa que no solía hacer a menudo en público.

¡Ring, ring! Mi teléfono volvió a sonar, miré a Alice disculpándome con un gesto y contesté. Era mi madre para saber qué era de mi vida y si iba a pasarme a verla en los próximos días, le dije que tenía que trabajar y que la llamaría cuando fuese a comer. Fue una conversación breve y nada más colgar volvió a sonar el móvil, sin mirar la pantalla pensé que era ella de nuevo y contesté:

- ¿Qué se te olvidó decirme, mamá? – contesté con algo de desaire.

- Pues verás, no soy tu madre… Soy Pedro, pero... ¿Cómo le hablas así a tu madre? - emitió una carcajada que no me hizo mucha gracia, me encontraba completamente descolocada ante mi metedura de pata - Quería comentarte un par de detalles respecto al piso.

28 octubre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 11)

El sonido del teléfono me despertó y cuando vi la hora que era me di cuenta de que me había quedado profundamente dormida y llegaba tarde al trabajo. Contesté intentando disimular el sueño y la resaca tras extender el brazo y coger el móvil de la mesilla:
- ¿Diga?
- Lu, ¿dónde coño te has metido?, ¿sabes qué hora es? - una voz conocida de hombre sonó al otro lado de la línea. Miré la hora en el despertador.
- Sí, las once y cuarto - contesté medio bostezando y frotándome los ojos.
- Y te parecerá normal, ¿no? - replicó- Ni siquiera has llamado para decirnos que no vendrías a la oficina esta mañana.
- Lo siento... - le interrumpí vacilando y enseguida inventé una excusa - Me quedé trabajando hasta muy tarde y, ya sabes cómo son estas cosas, me quedé traspuesta... con decirte que tengo el portátil metido en cama conmigo... - continué sorprendida por la agilidad de mi mente, a pesar del sueño, en inventar algo creíble - En una hora o así me paso a entregar los papeles y las altas.
- Espero que no se vuelva a repetir - y mi jefe colgó sin despedirse, yo aproveché para bostezar y estirarme en la cama cuando me di cuenta de que no estaba sola en la habitación. Intenté recordar lo que había hecho la noche anterior pues no podía entender cómo había llegado a esta situación.
Me quedé tirada en cama de costado mirando a la pared intentando acordarme, la noche anterior había quedado con Quinto para tomar unas cañas, hablamos de la desaparición de Brazi y nos actualizamos. Él me contó que por fin se había separado y había podido conseguir la custodia compartida de su hijo, Luigi, también me comentó que desde que estaba separado vivía más tranquilo y era más feliz. Yo le conté que Alice, mi pareja, se había marchado hacía unos días sin dar explicaciones y no había podido hablar con ella desde entonces, le dije que Berte se había marchado de vacaciones unos días y que tenía el piso para mí sola pero me sentía un poco sola. Recuerdo estar en La Esquina un buen rato entre rondas de cerveza y pinchos de tortilla hasta la cuarta consumición, el resto de la noche se me antoja difusa y desordenada.
Creo que después de picar algo nos fuimos a un pub irlandés donde continuamos tomando cerveza y sé que allí nos encontramos con gente conocida, pero no pude recordar con quién. Quinto se fue tras tomar la segunda ronda en el St. Patrik y yo me quedé enbuena compañía, pero a partir de ese momento no recuerdo mucho más. Seguí unos segundos más intentando ordenar acontecimientos en mi mente y así poder hilar los recuerdos desordenados de mi cabeza. Me giré un instante y en el otro lado del colchón, de espaldas a mí, se encontraba ella.
Una mujer blanca y desnuda de pelo muy corto se encontraba en el otro lado de mi cama. Tapada hasta la cintura con tan sólo la sábana dejaba su espalda al descubierto y sentí la necesidad de acariciarla para ver si se despertaba. De pronto un temor se despertó en mi alma, una mezcla entre remordimiento y arrepentimiento por la situación en la que me encontraba, resacosa y desmemoriada. Alice se había marchado días atrás y yo había aprovechado su ausencia para meter a, a lo que de buenas a primeras, parecía una desconocida en mi cama ¿qué iba a pensar de mí? ¿Cómo podía esperar la vuelta de Alice ahora? ¿Con qué cara podría mirarla entonces? La sangre se me heló un instante y me sentí desolada, pero justo en ese momento la mujer se giró y yo sentí alivio. Aquella cara era inconfundible, esos ojos somnolientos, esa sonrisa perezosa al despertar y esos brazos que me acercaron a su cuerpo en un abrazo disiparon todos mis miedos, era ella.
- Buenos días - dijo con sorisa cansada.
- Buenos días... - dije entre sorpresa y alegría - Te he echado de menos.
Ella bostezó y se estiró entre mis brazos. Estaba cambiadísima con su nuevo look, se había cortado el pelo tanto que de espaldas me había costado un mundo reconocerla, Alice había vuelto a cama y a mi vida.
- ¡Vaya pelotazo te pillaste ayer! ¿eh?
- Sí, bueno... - sonreí algo avergonzada- no es que recuerde mucho el transcurso de la noche... Ya sabes como es Quinto... que me lía a cervezas y luego se me suben a la cabeza... - hice una pausa e incrédula pregunté- Pero, ¿cuándo has llegado, cariño? Y... ¿por qué te marchaste sin avisar?
- Dejemos las explicaciones para después de desayunar - dijo - tengo sueño pero un buen almuerzo me dará energía para contártelo todo, ¿me invitas?
- Bueno, vale... ¿cómo podría negarte algo si me pones esa cara? Pero... dame un momento que llamo a la oficina para avisar a mi jefe. Le diré que no me pasaré por allí por la mañana, está un poco mosqueado por no haberle avisado de mi ausencia matutina... Ya sabes como es Enrique con estas cosas... Ve a la ducha mientras aclaro este pequeño entuerto.
Mientras Alice se metía en la ducha yo aprovechaba para llamar a enrique y enviarle por correo los documentos que había quedado de entregar en la oficina.
- ¿Y ahora qué pasa? - contestó molesto al teléfono.
- Pues que voy muy pillada de tiempo y he cambiado de idea, me pasaré por ahí por la tarde, ahora mismo te acabo de enviar los documentos por correo... - me apresuré a hablarle para impedir que me interrumpiese - los debes tener en tu bandeja de entrada. Tengo un par de visitas pendientes, que dos clientes me tienen que firmar las altas de las líneas. Pero descuida que esta tarde estoy ahí como un clavo.
- Tú siempre haces lo que te da la gana - replicó menos molesto, sabía que yo era cumplidora con mi trabajo por eso me permitía ciertas cosas - y como eres mi mejor comercial te permito este tipo de licencias. Pero no abuses, ya sabes que los excesos... y más te vale venir sin falta esta tarde si quieres estar presente en la reunión del departameto. Es importante así que por tu bien, espero que no faltes... - era la segunda vez que me colgaba el teléfono sin haberse despedido pero me despreocupé un poco por el cambio de entonación en sus palabras.
Alice todavía estaba en el baño cuando acabé de hablar con Enrique, escuchaba caer el agua de la ducha así que decidí darle un sorpresa metiéndome con ella en el baño. La puerta estaba abierta, me adentré sin hacer ruido y corrí la manpara para entrar con ella a acicalarme. Se sorprendió gratamente y me acogió bajo el chorro de la alcachofa de muy buen gusto.
- Está demasiado caliente el agua - protesté.
- Caliente te voy a poner yo a ti - dijo sin vacilar un instante, se abalanzó sobre mí y me besó intensamente bajo el agua que caía sobre nuestras cabezas.
Una hora después, ya vestidas y arregladas nos dispusimos a salir por la puerta de casa para desayunar juntas. Nos dirigimos a desayunar al bar de abajo y durante el camino sonó el móvil, era Quinto.
- La mujer que apareció flotando en la playa no es tu compañera de piso - dijo sin siquiera saludar.