El blog de la zoocióloga que quería ser escritora

ETERNAMENTE EN OBRAS - Este blogue naceu da necesidade de sacar fora o meu mundo interior, como ferramente que me axudou a aprender a expresar e transmitir sentimentos en sensacións. Escribir foi o que fixo de min unha persoa que conseguiu evolucionar ata o punto no que me atopo hoxe.

Neste blogue atoparás textos en galego e en castelán porque dependendo do día no que esscriba e dos sentimentos do momento a lingua que se pronuncia pode ser calquera das dúas.

27 febrero, 2011

Terror en los diarios

Tengo miedo de abrir el periódico un día y ver que las noticias que leo en el sea una parte de mi vida, volverme protagonista directa o indirectamente de una de esos terribles acontecimientos que narran. Asesinatos, accidentes, terrorismo, maltratos, corrupción, robos, guerras... en fin, muertes y más muertes, como a los yanquis tratan de meternos el miedo en el cuerpo. Estoy harta de leer todos los días casos de malos tratos hacia el sector femenino, y me digo a mí misma que si saliesen todos los casos de maltrato de género sería monotemático el periódico. Harta de ver guerras y barbaries que provocan líderes políticos nacionales e internacionales, pirados al fin y al cabo.
Me resulta triste ver a qué punto ha llegado el ser humano y no me identifico para nada con la gente que protagoniza las noticias y me vuelvo a decir para autoconvencerme que en el mundo también ocurren cosas buenas, pero no las recogen los noticiarios, parece que solo interesa lo negativo. Hay gente que ve el periódico y se queda con lo negativo y lo interioriza hasta tal punto que empieza a convencerse a sí misma que "el mundo es una mierda".
Pero tras leer estas aberraciones noticiosas levanto la vista del periódico y veo a mi alrededor y me encuentro con un puñado de gente normal, haciendo su día a día de la mejor manera que puede, tomándose un café en el bar de todos los días en un descanso de su trabajo, los veo empañados de un tono gris. Parece que la gente ha dejado de sonreír o que le cuesta hacerlo, y entonces miro en mi entorno más cercano y recuerdo una sonrisa que me da la vida y no puedo evitar sonreír porque la vida tiene cosas bonitas que no vienen recogidas en los noticiarios. Entonces cierro el periódico y sigo tomándome mi café con esa sonrisa de medio lado pensando en ella y en lo afortunada que soy. Soy una especie en peligro de extinción, esa especie que sonríe por nada y que es feliz con sus pequeños detalles como una niña a la que le acaban de regalar una piruleta.
Aborrezco los diarios y todas las noticias tristes, angustiosas y negativas. Si tuviese que escribir un titular sería "sonreír es gratis y ser feliz también".

12 febrero, 2011

El búnker

Cuando crecí me di cuenta de donde vivía, un recinto cerrado y con poca luz, bajo tierra y a salvo de las bombas que caían por el lugar. En ocasiones era un lugar agobiante y claustrofóbico, triste pero a la vez tranquilo donde, a pesar de todo su lado negativo, me sentía a gusto y tranquila. Sabía que estar en aquel lugar era la única manera de minimizar los riesgos de la guerra que me había tocado vivir. La revolución de las hormonas estaba en curso y yo no podía hacer nada al respecto, ellas eran responsables de mis acciones más imprudentes. En alguna ocasión abandoné el búnker para explorar sin mucho reparo las inmediaciones del lugar donde había ido a parar por accidente, pero siempre volvía a mi fortín. No arriesgaba mucho, la verdad, pero lo poco que pude haber arriesgado en su momento lo perdí y volví cabizbaja a mi trinchera, una vez y otra hasta cansarme.
A medida que iba creciendo me daba cuenta de los peligros de permanecer siempre allí. La guerra se había acabado, aquella revolución hormonal se había apaciguado de la manera más natural y normal del mundo y resultó que lo que creí que eran bombas y disparos en su momento, resultó ser el murmullo de la gente, los gritos (en ocasiones de júbilo) de quienes me rodeaban desde un principio. Ahí empece a comprender con todas sus consecuencias lo que había estado haciendo hasta el momento. Siempre creí que había arriesgado en mis decisiones y comprendí que había errado, lo que había hecho era acomodarme en la seguridad de los riesgos mínimos, implicándome a penas en cualquier hazaña que me propusiera. No podía disfrutar de una vida plena con tanta limitación y tanto aislamiento, incluso en ocasiones pienso que lo que creí búnker fue en realidad una celda de castigo.
Hoy lo veo claro, una pared puede proteger del frío y la lluvia, pero si ponemos puertas con cerraduras y las bloqueamos por miedo lo único que estamos haciendo es limitar, acotar, coartar... la vida. A veces sigo cometiendo el error de encerrarme en mi misma y castigarme en la celda que creí fortín seguro... y no alcanzo a entender por qué sigo siendo aquella niña tan tonta que echaba a correr a su trinchera ante cualquier tipo de perturbación por leve que fuera. Ahora veo lo que hago y soy tremendamente consciente de cuando lo hago, pero no puedo dejar de hacerlo. Y no quiero alejarme del mundanal ruido y todas las sensaciones que tiene la vida solo por un miedo irracional. ¿Seré idiota redomada? No lo descarto porque cometer el mismo error una y otra vez da que pensar... Eso sí, algo bueno tengo que decir a mi favor, que no me rallo sin razón por hacer lo que hago, pensar lo que pienso y decir lo que digo.

06 febrero, 2011

Un chiste...

Van un hetero, una hetero, un gay y una lesbiana de Ogrobe y quedan para cenar en casa de la bollo... ¿suena a chiste, verdad? Pues no lo ha sido aunque risas sí las ha habido, después de dos días un poco apagadilla he vuelto a reír a carcajadas en una compañía de lujo, bueno más bien de "ojrobe"...
Decidimos arriesgar un poco y llamar al chino para que nos trajese la cena, y yo que creí que eran rápidos pensé que timbrarían a la puerta en un "yatá". El menú: rollitos de primavera, arroz tres delicias, pollo con almendras, ternera con salsa de ostras y ensalada china; nos quedamos hartitos y la charla de sobremesa se prolongó hasta más de las dos de la mañana. Ahora me despido porque esta menda se va al sobre, espero que la carta sea enviada al buzón correcto al otro lado de la ría. A ver si esta noche vuelvo a soñar las cosas bonitas que solía soñar días atrás.