El blog de la zoocióloga que quería ser escritora

ETERNAMENTE EN OBRAS - Este blogue naceu da necesidade de sacar fora o meu mundo interior, como ferramente que me axudou a aprender a expresar e transmitir sentimentos en sensacións. Escribir foi o que fixo de min unha persoa que conseguiu evolucionar ata o punto no que me atopo hoxe.

Neste blogue atoparás textos en galego e en castelán porque dependendo do día no que esscriba e dos sentimentos do momento a lingua que se pronuncia pode ser calquera das dúas.

05 julio, 2009

Este no es el artículo prometido a mi princesa verde

(Inciso: Con el permiso de mi pricesita verde voy a publicar, pues le prometí que el siguiente artículo lo recibiría ella en primicia antes que nadie, pero ese no es este artículo por eso le pido permiso para publicar otra cosa, sigo trabajando en el artículo que seguro será más interesante y profundo que este)
Hace días que no publico nada, no es por falta de inspiración, es más bien por falta de tiempo por no encontrar el momento exacto para sentarme a escribir y dejar que todas las ideas que tengo en mi cabeza salgan en forma de palabras. Tengo mil motivos para escribir y podría citar algunos como un beso, un paseo por la playa, una caricia, un gesto, una sonrisa, una mirada, un deseo, la amistad, el amor, la felicidad, un viaje...
Mil cosas sobre las que podría escribir y que seguro compartiría con mis pocos pero fieles lectores, una manera de darme a conocer un poco y deshagorme pues llevo tantas ideas en la sesera que no me caben todas, llevo tantos sentimientos en el corazón que se me escapan y tengo tantas historias que vivir que no encuentro ese momento, el momento en el que una frase pasa por mi mente debido a un hecho, una palabra, una mirada, una sonrisa, un beso... la frase clave de empezar a escribir, pues ese es mi modus operandi.
Necesito una frase con gancho, que signifique todo o nada y que no deje indiferente a mi mente, algo sobre lo que pueda divagar. Acepto sugerencias para mis posteriores artículos.

14 junio, 2009

Arena y sol, un mar azul, contigo yo, conmigo tú.

Silencio, paz y tranquilidad. Eso respiraba mientras me sumergía en una historía que me capturaría al momento desde sus primeras líneas, soportando entre las manos el peso leve de un libro, un libro que formará parte de mi vida para siempre. Mi vida, mis ideas alborotadas por pensamientos ajenos plasmados en una historia de amor que me hizo reflexionar. Un amor tan pesado como leve, tan cercano como distante, un amor con sus dos polos opuestos, pero al fin y al cabo un amor.
Mi historia se remite a una playa casi desértica en un día primaveral con sol, un sol que no calentaba demasiado, de ahí que en la playa hubiese a penas media docena de personas. Yo bajé acompañada de mi mantita y de tu presencia reencarnada por un momento en un libro, un libro que en cada página que leía me acercaba más a tí a pesar de la distancia. Cada línea, cada párrafo y cada hoja hacían que me sintiese más cerca de tí pese a que nuestros cuerpos estuvieran distanciados en el mapa por varios kilómetros.
En silencio cogí el libro en mis manos y comencé mi aventura sumergiéndome en "La insoportable levedad del ser". Estuve más de una hora sin emitir un sonido (he de reconocer que es todo un récord para mí), sin mediar palabra, sólo el silencio a veces roto por voces que paseaban cerca de mí hacían volver al mundo terrenal. Sólo entonces percibía que no era el silencio quien reinaba en la playa sino la paz, la paz armoniosa del sonido del mar y la tranquilidad de estar lejos de la civilización. Físicamente estaba allí junto con la arena, el sol y un mar azul pero mi alma estaba en ese mundo que había creado para situar a los personajes del libro, un mundo en el que nuestros cuerpos estaban enfrentados a pocos centímetros de distancia, un mundo donde estaba contigo yo y conmigo tú.
Llegó la hora de recoger el campamento y en silencio cerré el libro, recogí la manta y me fui a casa pensando en que ojalá hubieses compartido conmigo esos momentos de silencio, paz y tranquilidad. Entonces algo me dijo en mi interior que de algún modo había ocurrido así pues me sentía más cerca de tí.

09 junio, 2009

Café y besos

Siempre han dicho que la primavera la sangre altera. Pues a mí me altera el hecho de sonreír porque el domingo salí de casa con la sonrisa puesta pensando en que el tan ansiado reecuentro iba a producirse después de 19 largos días en los que ha podido pasar de todo. Fíjense si es así que hasta me olvidé el hecho de ir a votar...
Me había pasado todo el domingo pensando en que después de comer iría a cumplir con mi derecho, que no obligación, de ir a ejercer el acto por el que tanta gente ha luchado y muerto, votar. Sabía también que había prometido presentarme, después de ejercer el derecho a voto, en la tierra de las piruletas de colores. Una cosa está muy clara, me importaba más el ir a la tierra de las piruletas que el ejercer el voto porque, tonta de mí, pasé por delante del colegio electoral y ni me acordé que era un domingo electoral. Y allá me planté.
De camino vi un tremendo cartel de "Vota PP" y automáticamente una neurona me gritó "Mierda, no has votado" así que seguí mi camino con remordimientos y llegué a mi destino, la tan ansiada tierra donde residen los besos de piruleta. Secuestré a la más hermosa de todas, una piruleta de ojos verdes y le pedí que me acompañase a votar. La verdad no hubo otra elección porque era un secuestro, así que me la llevé de vuelta a mi tierra, ejercí el voto y me pasé la tarde endulzando el paladar con café y besos. Como siempre, el último me dejó un sabor agridulce pero gracias a ese tipo de detalles sonrío al recordarlo...