El blog de la zoocióloga que quería ser escritora

EN OBRAS - Este blog nació de la necesidad de sacar a fuera mi mundo interior, una herramienta que me ha ayudado a aprender a expresarme y transmitir mis sentimientos y sensaciones. Escribir me ha hecho persona y siendo persona he conseguido evolucionar hasta el punto donde me encuentro hoy, en pleno proceso de evolución.

28 octubre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 11)

El sonido del teléfono me despertó y cuando vi la hora que era me di cuenta de que me había quedado profundamente dormida y llegaba tarde al trabajo. Contesté intentando disimular el sueño y la resaca tras extender el brazo y coger el móvil de la mesilla:
- ¿Diga?
- Lu, ¿dónde coño te has metido?, ¿sabes qué hora es? - una voz conocida de hombre sonó al otro lado de la línea. Miré la hora en el despertador.
- Sí, las once y cuarto - contesté medio bostezando y frotándome los ojos.
- Y te parecerá normal, ¿no? - replicó- Ni siquiera has llamado para decirnos que no vendrías a la oficina esta mañana.
- Lo siento... - le interrumpí vacilando y enseguida inventé una excusa - Me quedé trabajando hasta muy tarde y, ya sabes cómo son estas cosas, me quedé traspuesta... con decirte que tengo el portátil metido en cama conmigo... - continué sorprendida por la agilidad de mi mente, a pesar del sueño, en inventar algo creíble - En una hora o así me paso a entregar los papeles y las altas.
- Espero que no se vuelva a repetir - y mi jefe colgó sin despedirse, yo aproveché para bostezar y estirarme en la cama cuando me di cuenta de que no estaba sola en la habitación. Intenté recordar lo que había hecho la noche anterior pues no podía entender cómo había llegado a esta situación.
Me quedé tirada en cama de costado mirando a la pared intentando acordarme, la noche anterior había quedado con Quinto para tomar unas cañas, hablamos de la desaparición de Brazi y nos actualizamos. Él me contó que por fin se había separado y había podido conseguir la custodia compartida de su hijo, Luigi, también me comentó que desde que estaba separado vivía más tranquilo y era más feliz. Yo le conté que Alice, mi pareja, se había marchado hacía unos días sin dar explicaciones y no había podido hablar con ella desde entonces, le dije que Berte se había marchado de vacaciones unos días y que tenía el piso para mí sola pero me sentía un poco sola. Recuerdo estar en La Esquina un buen rato entre rondas de cerveza y pinchos de tortilla hasta la cuarta consumición, el resto de la noche se me antoja difusa y desordenada.
Creo que después de picar algo nos fuimos a un pub irlandés donde continuamos tomando cerveza y sé que allí nos encontramos con gente conocida, pero no pude recordar con quién. Quinto se fue tras tomar la segunda ronda en el St. Patrik y yo me quedé enbuena compañía, pero a partir de ese momento no recuerdo mucho más. Seguí unos segundos más intentando ordenar acontecimientos en mi mente y así poder hilar los recuerdos desordenados de mi cabeza. Me giré un instante y en el otro lado del colchón, de espaldas a mí, se encontraba ella.
Una mujer blanca y desnuda de pelo muy corto se encontraba en el otro lado de mi cama. Tapada hasta la cintura con tan sólo la sábana dejaba su espalda al descubierto y sentí la necesidad de acariciarla para ver si se despertaba. De pronto un temor se despertó en mi alma, una mezcla entre remordimiento y arrepentimiento por la situación en la que me encontraba, resacosa y desmemoriada. Alice se había marchado días atrás y yo había aprovechado su ausencia para meter a, a lo que de buenas a primeras, parecía una desconocida en mi cama ¿qué iba a pensar de mí? ¿Cómo podía esperar la vuelta de Alice ahora? ¿Con qué cara podría mirarla entonces? La sangre se me heló un instante y me sentí desolada, pero justo en ese momento la mujer se giró y yo sentí alivio. Aquella cara era inconfundible, esos ojos somnolientos, esa sonrisa perezosa al despertar y esos brazos que me acercaron a su cuerpo en un abrazo disiparon todos mis miedos, era ella.
- Buenos días - dijo con sorisa cansada.
- Buenos días... - dije entre sorpresa y alegría - Te he echado de menos.
Ella bostezó y se estiró entre mis brazos. Estaba cambiadísima con su nuevo look, se había cortado el pelo tanto que de espaldas me había costado un mundo reconocerla, Alice había vuelto a cama y a mi vida.
- ¡Vaya pelotazo te pillaste ayer! ¿eh?
- Sí, bueno... - sonreí algo avergonzada- no es que recuerde mucho el transcurso de la noche... Ya sabes como es Quinto... que me lía a cervezas y luego se me suben a la cabeza... - hice una pausa e incrédula pregunté- Pero, ¿cuándo has llegado, cariño? Y... ¿por qué te marchaste sin avisar?
- Dejemos las explicaciones para después de desayunar - dijo - tengo sueño pero un buen almuerzo me dará energía para contártelo todo, ¿me invitas?
- Bueno, vale... ¿cómo podría negarte algo si me pones esa cara? Pero... dame un momento que llamo a la oficina para avisar a mi jefe. Le diré que no me pasaré por allí por la mañana, está un poco mosqueado por no haberle avisado de mi ausencia matutina... Ya sabes como es Enrique con estas cosas... Ve a la ducha mientras aclaro este pequeño entuerto.
Mientras Alice se metía en la ducha yo aprovechaba para llamar a enrique y enviarle por correo los documentos que había quedado de entregar en la oficina.
- ¿Y ahora qué pasa? - contestó molesto al teléfono.
- Pues que voy muy pillada de tiempo y he cambiado de idea, me pasaré por ahí por la tarde, ahora mismo te acabo de enviar los documentos por correo... - me apresuré a hablarle para impedir que me interrumpiese - los debes tener en tu bandeja de entrada. Tengo un par de visitas pendientes, que dos clientes me tienen que firmar las altas de las líneas. Pero descuida que esta tarde estoy ahí como un clavo.
- Tú siempre haces lo que te da la gana - replicó menos molesto, sabía que yo era cumplidora con mi trabajo por eso me permitía ciertas cosas - y como eres mi mejor comercial te permito este tipo de licencias. Pero no abuses, ya sabes que los excesos... y más te vale venir sin falta esta tarde si quieres estar presente en la reunión del departameto. Es importante así que por tu bien, espero que no faltes... - era la segunda vez que me colgaba el teléfono sin haberse despedido pero me despreocupé un poco por el cambio de entonación en sus palabras.
Alice todavía estaba en el baño cuando acabé de hablar con Enrique, escuchaba caer el agua de la ducha así que decidí darle un sorpresa metiéndome con ella en el baño. La puerta estaba abierta, me adentré sin hacer ruido y corrí la manpara para entrar con ella a acicalarme. Se sorprendió gratamente y me acogió bajo el chorro de la alcachofa de muy buen gusto.
- Está demasiado caliente el agua - protesté.
- Caliente te voy a poner yo a ti - dijo sin vacilar un instante, se abalanzó sobre mí y me besó intensamente bajo el agua que caía sobre nuestras cabezas.
Una hora después, ya vestidas y arregladas nos dispusimos a salir por la puerta de casa para desayunar juntas. Nos dirigimos a desayunar al bar de abajo y durante el camino sonó el móvil, era Quinto.
- La mujer que apareció flotando en la playa no es tu compañera de piso - dijo sin siquiera saludar.

25 octubre, 2011

Un rayo de sol entre las nubes

Sé que muchas de las personas que me seguís estáis deseando fervientemente que publique los capítulos que siguen al décimo de la saga "Tras la puerta del fondo" pero debido a esta inmersión en la historia me he olvidado un poco de las reflexiones que venía haciendo hasta el momento, dejándolas en un segundo plano. Hoy me concederé una licencia y no publicaré ningún capítulo ni nada que tenga que ver con la historia mecionada.

Últimamente me da por pensar. Pienso, luego existo, aunque yo soy de las que cree que el mero hecho de existir te hace un ser pensante. He de matizar que aunque creo que todo el mundo, cada ser humano, tiene la capacidad de pensar no todos lo hacen al mismo nivel, ni de la misma forma. No quiero decir con esto que mi manera de pensar sea mejor o peor que cualquier otra, simplemente es diferente, así que no quiero amenes incondicionales a mis teorías.

De un tiempo a esta parte puedo observar que la gente no es feliz, el índice de personas afectadas por problemas de ansiedad o depresión aumenta en mi entorno a pasos agigantados, como se reproducen las setas a través de esporas en otoños lluviosos. Esto es un hecho que me hace pensar. Da la impresión que a medida que nos contaminamos con noticias negativas que todos los días invaden nuestros medios y nos regocijamos en pensamientos compasivos cuando lo comentamos con el de al lado. Expresiones del tipo "nunca llovió que no escampara" o "tiempos mejores han de venir" son el pan nuestro de cada día, esperemos que el mundo cambio sin llevar a cabo uno en nosotr@s mism@s. Como decía Lev Tolstoi: "todos piensan en cambiar el mundo y nadie piensa en cambiarse a sí mismo".

Y cuando estamos inmers@s en un círculo de pesimismo dejamos de apreciar los detalles bonitos de la vida y no vemos más que motivos y razones para seguir sintiéndonos mal. "Crisis, crisis" dicen los periódicos y en general todos los medios de comunicación, hablan de crisis económica por ocultar un problema más profundo. No estamos inmers@s en una crisis económica solamente, hay una verdadera crisis existencial del ser humano. La inocencia, los ideales, los valores, el sentido común, las ganas de vivir y de cambiar... y un sinfín de pequeños detalles que hacen humano a las personas están eclipsadas por materialismo, capitalismo, superficialidad... Y entre tanto desconcierto es normal que cueste mucho encontrar razones para creer, para avanzar, para soñar y luchar por mundos mejores (porque no existe un solo mundo sino que existen varios posibles mejor que la realidad actual, mediocre y gris).

Hemos olvidado quienes somos y que son más los detalles que nos unen que los que nos separan, pero la necesidad que nos han creado los mercados de comprar y comprar, gastar y poder acceder a las últimas innovaciones tecnológicas, nos separa entre ricos y pobres. Aún con todo esto yo sigo pensando que no es más feliz el/la que más tiene sino el/la que menos necesita. No abandonemos nuestra humanidad, dejemos que vuelve a aflorar para recuperar las relaciones humanas y esto nos hará despertar y ver que no todo es malo y que el cambio que buscamos está en nuestro interior. Seguramente así baje el número de personas con problemas de ansiedad y de depresión y el mundo sea un lugar mejor para todos y todas.

Ser feliz es gratis... por ahora.

20 octubre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 10)

Haciendo memoria recordé lo que en la habitación de Brazi se había limpiado: ropa escasa, tanto en cantidad como en superficie de tela (shorts muy short, corsés de colores llamativos, tangas de hilos, faldas de infarto y alguna camiseta de tiras escotada); zapatos varios, me atrevería a decir que había más pares que conjuntos de ropa, y todos ellos con unos tacones de aguja muy altos; bolsos pequeños de colgar estilo bandolera; un juego de sábanas de una cama estrecha manchado de sangre; pastillas, analgésicas y antidepresivas; los diferentes papeles y documentos que hayamos entre los que cabía destacar alguna denuncia por robo y agresión y algún parte médico de ingresos por urgencias; la tarjeta de visita de un club nocturno; una llave con el número 29 en el llavero; un par de libros esotéricos, otro de costumbres gallegas y uno de amor; una botella de vino del malo vacía y restos de unas rayas en la mesilla de noche. Eso es todo lo que podía recordar en ese momento que me había llamado la atención en su momento y se lo pasé por correo a Quinto. Adjunté también los documentos que me había mandado Teté por correo y las fotos que se habían tomado de la habitación antes de limpiar en su momento.
Al ver de nuevo aquellos documentos me estremecí pensando en que Brazi podía ser la protagonista de la noticia que había leído en el periódico momentos antes de ir a visitar a Quinto. No quise profundizar de nuevo en el asunto con aquel material en el asunto y sumar así más leña en el fuego de la inquietud que me impedía dormir a veces desde la misteriosa desaparición y el descubrimiento de estos detalles desconcertantes. Una vez más traté de llamar a su teléfono móvil que seguía apagado igual que todas las otras veces que había intentado ponerme en contacto con ella. Con esta llamada se despertó en mi cabeza una idea, para saber si Brazi pagaba o no las facturas telefónicas decidí llamar a la operadora de telefonía haciéndome pasar por ella, tenía los datos necesarios: nombre y apellidos, número de teléfono, el de la factura anterior y por supuesto su número de identificación fiscal.
Conseguí que la operadora me dijera que figuraban tres impagos con diferentes importes y que el banco le había devuelto las últimas facturas por falta de fondos. Entonces colgué sin dejar al teleoperador que me había atendido terminar la frase. Me quedé helada un momento y mi cerebro trabajaba rápido haciendo conjeturas varias sobre el asunto una vez más. Decidí que para cortar la dinámica de preocupación de mi mente una ducha me vendría estupendo, así que me preparé para ello.
Me duché y me relajé con el agua cayéndome sobre la cara, me lavé el pelo y al salir me lo enrollé en una toalla. Cuando me disponía a echarme crema para hidratar la piel mi móvil sonó en mi habitación, acudí lo más rápido que pude a atender, era Quinto:
- ¿Estás lista? - preguntó - Acabé el trabajo en la oficina antes de lo que esperaba, ¿siguen en pié esas cañas?
- Por supuesto, Quinto... Justo ahora acabo de salir de la ducha... en media hora esto lista, ¿dónde me esperas?
- En La Esquina, ¿te parece?
- Perfecto, está a medio camino entre tu despacho y mi casa. Nos vemos allí en tres cuartos de hora.
- Pero si has dicho media hora... - protestó Quinto.
- Media hora para prepararme y quince minutos de margen para llegar, ¡qué prisas te han entrado ahora! - dije en tono firme pero amistoso.
- Vale, mujer... ¡qué borde eres a veces! - me replicó bromeando. Sabía perfectamente que no me gustaba mucho que me dijesen que era borde pero en el fondo tenía algo de razón. - Allí nos vemos pues, yo voy ya. Un besito, hasta ahora. - Y colgó.
- ¡Qué hombre, por Dios! - murmuré antes de volver al baño.
En media hora me había hidratado, secado el pelo, vestido y tendido la ropa a secar. Salí de casa sin coger las llaves y me di cuenta antes de llamar al ascensor. Llamé al timbre dos veces y Berte me abrió con su habitual cara de empanado, siempre que se encontraba en el piso estaba metido en su alcoba con sus historias de juegos, series y porros, muy rara vez hacíamos vida social en casa.
- Me dejé las llaves, gracias por abrir - le dije.
- Pues menos mal que ha sido ahora que si te llegas a ir, a lo mejor cuando volvieses ya no estaba pues me voy a casa de mis padres dentro de un rato - contestó a su ritmo habitual de porretilla y sonrió.
- Pues nada, que lo disfrutes. Yo he quedado para unas cañas con un amigo. Nos vemos. - me despedí con un gesto al que respondió igual.
Bajé lo más rápido que pude por las escaleras, pasé de usar el ascensor. Salí a la calle y el vientecillo me acarició la cara, me sentí bien al notarlo y eché a andar rumbo a La Esquina. Cuando llegué al lugar me dirigí al fondo y vi allí sentado a Quinto ojeando unos papeles con su cerveza y el pincho que le habían puesto con la consumición. Me senté enfrente y sin levantar los ojos de aquello me saludó con un escueto "hola".
- Muy concentrado te veo, Quinto.
- Estoy ojeando lo que me has mandado por correo porque todavía no entiendo muy bien la historia. - esta vez ya había levantado la mirada de los documentos y me sonrió al hablarme.
- Tú pregunta lo que necesites saber.
- Para empezar, ¿de dónde coño ha salido esta tía?
- Pues si te digo la verdad no lo sé muy bien. Contactó con mi casero, no conmigo... Yo lo que sé de ella es que trabajaba en hostelería pero no me dijo ni el nombre del hotel, ni hostias... Lo cierto es que no estuve muy fina a la hora de "conocerla" - y mientras decía esta palabra hacía las comillas con los dedos de ambas manos.
- Ah, vaya... eso aclara muchas cosas... - hizo una pausa y continuó - ¿pero tú estás tonta? Meter a una persona que no conoces... - le interrumpí antes de que empezase el típico sermón maternal.
- Shh... ¡Para el carro amigo! No necesito sermones... no estuve lista para preguntarle datos concretos sobre su vida, pero al fin y al cabo no soy yo quien alquila el piso sino mi casero.
Quinto se dio cuenta de que se había equivocado a la hora de ponerse en plan sermón y se disculpó:
- No pretendía ofenderte... pero me asalta muchas dudas al respecto. Aunque bueno, no hemos venido a tomar cañitas para hablar de esto sino para actualizarnos y charlar de cómo nos trata la vida últimamente.
- Cierto, cuéntame que tal te fue en tu viaje. Y por cierto, ¿tu madre ya está mejor? Es que la vi el otro día en el súper y tenía una gripe...
Hablamos de su madre, de la mía, de la familia en general del verano que habíamos pasado, de la vida, de política y como no del misterio que nos había reunido tras el periodo estival. Me enseñó un esquema temporal que había hecho desde la aparición hasta la desaparición de Brazi, era conciso y muy claro. Quien no supiera nada del tema y lo mirase a primera vista se podía hacer una idea de cómo estaba la situación. Yo le comenté que había llamado no hacía mucho a su operadora de telefonía móvil y que le constaban tres impagos con devolución de recibos, él reflexionó un momento y lo anotó en una agenda.

17 octubre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 9)

Entré en la oficina de mi amigo Quinto, me acomodé en una de las sillas que había frente a su mesa tras hablar con la secretaria que me dijo que volvería enseguida pues había salido a un recado. Mientras hacía tiempo para su regreso volví a ojear la noticia que me había estremecido y me quedé pensando un rato en qué sería de mi excompañera de piso si resultaba que al final ella no tenía la suerte de ser la protagonista de aquella funesta noticia.
Repasé mentalmente los objetos que recordaba que habían guardado mis caseros en su garaje... todo aquello me hacía pensar que Brazi pertenecía al negro mundo de la prostitución y las drogas, pero no sabía hasta que punto estaba inmersa en aquello y si si implicación había terminado como terminan muchas historias de ese tipo, con la muerte violenta a manos de cualquier animal sin escrúpulos. Mientras alimentaba mis cavilaciones con finales trágicos Quinto entró en el despacho sin hacer ruido, se puso tras de mí y me dijo:
- ¡Bienvenida! - el salto que di en la silla en aquel momento os lo podéis imaginar sin demasiado esfuerzo, y continuó - Buenos ojos te vean, mujer... Ven y dame un abrazo. - Me levanté y con el corazón sobrecogido le abracé con tal impresión que solo pude corresponderle verbalmente con un "hola".
Tras unos breves segundos de silencio, el tiempo que le llevó a Quinto sentarse del otro lado de la mesa en su sillón de cuero y acomodarse, retomamos la conversación.
- ¿Qué te trae por aquí, Lupi? No es muy habitual que vengas a verme a mi lugar de trabajo, así que no me quedá más que suponer que ha pasado algo...
- No te equivocas, querido amigo. Estoy intrigada respecto a un asunto, y más después de ver esta noticia en el periódico local - le puse el periódico sobre la mesa para que lo viera, él le echó una visual y con un ademán despreocupado trató de sacarle hierro al asunto.
- Noticias como estas te encontrarás cientos a lo largo del año, ¿por qué ha de quitarte el sueño esta en concreto?
- Tal y como lo dices da la impresión de que te da igual este tipo de noticias, ¿acaso te ha insensibilizado tu trabajo hasta el punto de no sentir nada ante las tragedias?
- No, no es eso, mujer... sólo me sorprende que esta noticia te haya podido alterar. Sé que cuadra cerca, en una de las playas de esta ciudad... pero no entiendo muy bien por qué estás tan afectada...
- Déjame que te explique, Quinto. Resulta que hace unas semanas una chica se instaló en mi piso y misteriosamente desapareció sin dejar rastro... - asintió con la cabeza en un gesto de querer hacerme entender que lo había captado, pero sus ojos vacilaron por falta de información -Pero lo curioso del asunto es lo que se encontraba en su habitación el día que los caseros decidieron hacer limpieza definitiva... Vamos a ver ¿cómo te lo explico sin liarme demasiado? ...
Empecé por contarle el día que la conocí, la información que pude sacar de Brazi en mi breve conversación el único día que la vi. Le conté el transcurso de los días y como mi entonces compañera no hacía vida social en el piso hasta el punto de que no se llegaba a pasar por allí. Le conté que posteriormente se había ido sin dar mayor explicación y sin pagar el alquiler de la habitación, que siguió ilocalizable hasta el momento y las cosas que habíamos encontrado. Este fue el punto en el que comenzamos a elborar un pequeño esquema de la situación.
Quinto me pidió copias de alguno de los documentos que encontramos en su habitación el día que la casera decidió vaciar y limpiar el cuarto, me dijo que hiciese una lista de cosas que recordaba haber visto o apreciado en el desorden de lo que era su habitación, por suerte Pedro había tomado fotos de la situación de la alcoba y todo su desorden al completo. Me hice con los documentos y las fotos en los días siguientes a mi primera visita al despacho de Quinto. Ahora con un resumen de la situación, mi amigo el detective comenzó a entender mi preocupación ante la noticia del periódico.
No quiso dar más importancia al asunto de la noticia y me intentó tranquilizar diciendo que averiguaría si Brazi se trataba de la misma persona que había sido hallada en aquella playa:
- No te preocupes más por el asunto, Lupi, si se trata de la misma mujer lo averiguaremos muy pronto, pero no te pongas en lo peor, así que duerme tranquila esta noche... - dijo - seguramente existan más personas desaparecidas que coincidan con la descripción, que por cierto es bastante general, que se detalla en el artículo... así que lo dicho.
Después de casi dos horas hablando con Quinto sobre el tema me levanté y me despedí por el momento. Me dirigí a dar un paseo por el castro, necesitaba un sitio más o menos tranquilo donde ordenar mis ideas y relajar aquella impresión que me había desestabilizado la mañana. Estuve en el mirador de frente al mar pensando un buen rato hasta la hora de comer que fue cuando abandoné el lugar. Recordé que tenía que llamar a Teté para hacerle una copia a los documentos con los que se había quedado pero como no podía quedar en los próximos días decidió que me los mandaría por correo electrónico.
Ya después de comer me senté delante del ordenador para hacer la lista de cosas que recordaba de la habitación, aproveché para mirar un par de cosas más en la red. A media tarde, recibí un correo de Teté con los documentos escaneados que tenía en su poder, guardé toda la información junto con la lista que había hecho en un documento de texto en una memoria externa para dárselos a Quinto a última hora de la tarde ya que había quedado con él para tomar unas cañas.

11 octubre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 8)

Aquel día abrí el periódico mientras tomaba un café en un bar del centro de Vigo, cuando llegué a la sección de sucesos me encontré la siguiente noticia:

Hallan en una playa de las afueras de Vigo el cadáver de una mujer joven

El cuerpo no ha sido identificado de momento y tampoco se conocen las causas exactas dela muerte, todo apunta a una agresión

1:51

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AXENCIA NOVAS NEW El cuerpo sin vida de una mujer joven, de entre 18 y 25 años de edad, ha aparecido este martes flotando en el agua en la zona de playas de Samil, en Vigo, según han informado a AXENCIA NOVAS NEW fuentes de la Policía Nacional, que precisan que inicialmente se han detectado algunos signos de violencia brazos y rostros, pero no detallan si existen signos de una posible agresión sexual.

Las mismas fuentes han explicado que sobre las 24.00 horas de la noche anterior se recibió el aviso de una persona que alertaba de que había visto el cuerpo flotando en el agua cuando paseaba por el lugar, el cual corresponde a una mujer joven que todavía no ha sido identificada y que, según apuntan las primeras estimaciones, "no llevaba mucho tiempo en el agua".

El cuerpo de la fallecida ha sido trasladado al Hospital Central de la ciudad olívica para realizar la autopsia, con el objetivo de determinar las causas exactas de la muerte. La Policía Nacional de Vigo se ha hecho cargo del caso, a fin de poder esclarecer los hechos.

La Policía trata de localizar a los familiares de esta mujer para que realicen un reconocimiento del cuerpo encontrado y así poder abrir nuevas vías de investigación para la resolución de este caso.


Cuando leí aquella noticia sentí por un momento que un escalofrío me recorría la espalda, por un instante pensé que aquella mujer podría ser mi excompañera de piso. Una parte de mi cabeza me decía que sí y la otra, más racional y sensata, se decantaba por el no buscando explicaciones varias: la noticia no ofrecía demasiados datos sobre la mujer, el indicador de la edad abría un amplio abanico de posibilidades y aunque Brazi encajaba con la breve descripción debía estar en su país riéndose del mundo...

No pude ni terminar el café con aquella impresión que había sufrido al leer la noticia así que opté por levantarme, pagar la cuenta y dirigirme, con el periódico bajo el brazo, al despacho de mi amigo el detective.

06 octubre, 2011

Cerrado por "baja-ciones"

Buenos días a todo el mundo,
he de pedir disculpas por esta interrupción en la línea de los capítulos de la serie "Tras la puerta del fondo", por motivos personales me veo obligada a hacer una pausa en los próximos días y no por lo que podáis llegar a pensar, no voy a la Fiesta del Marisco, me quedo cuidando de mi madre que va a ser operada esta tarde de una rodilla.
En principio una sencilla operación de menisco pero como no podrá andar en varios días voy a hacer lo mismo que ha hecho ella cuando yo era una enana y no me podía valer por mí misma. Hoy sólo espero que sea un gran día y que la operación salga a la perfección con una fácil rehabilitación para que pronto pueda volver a sus quehaceres diarios.
No sé cuando me volveré a conectar pero intuyo que hasta el lunes o martes no será posible que os siga deleitando con la intrigante historia de Brazi y su desaparición.
Un saludo.

04 octubre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 7)

Sentí asco por la cantidad ingente de condiciones antihigiénicas que se topaban tras la puerta del fondo, sentí alivio por saber que me había deshecho de una compañera de piso que resultaba ser una yonki de las pastillas. El contrapunto a estos sentimientos de rechazo era la pena que me producía pensar en la posibilidad de que Brazi fuera una víctima de una espiral de autodestrucción creada por error o directamente con conocimiento de causa.

Ante este mar de dudas decidí hacer lo correcto e indagar sobre el paradero de esta mujer. Lo primero que hice fue llamar a su número de teléfono varios días consecutivos en diferentes franjas horarias, no tuve manera humana de contactar con mi, ahora, excompañera. Llamase a la hora que llamase siempre obtenía el mismo mensaje "el móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura". Traté de llamar con número oculto y con número público pero siempre, siempre, el mismo mensaje.

Traté de buscar algo más de información sobre esta persona, su operadora de telefonía móvil tenía sus datos completos: nombre, DNI, dirección y cuenta del banco. Por un amigo que trabaja dando soporte técnico a esa misma operadora de telefonía conseguí su nombre y su DNI. Conseguí una dirección postal diferente en una calle de la misma ciudad. Busqué en internet sus datos sin encontrar un resultado concluyente, encontré una persona que tenía esos mismos apellidos y decidí mandarle un mensaje preguntándole si era familiar de mi excompañera desaparecida.

Tras un par de semanas desde el envío del menasje a su tocaya de apellidos no obtuve ningún tipo de respuesta, así que decidí indagar más sobre el asunto. Para empezar busqué en internet la información sobre el club Picardías en una página que valora los puticlubs de las diferentes zonas de España. Por el único comentario que había en esa especie de foro pude saber que el club sobre el que estaba investigando llevaba cerrado el mismo tiempo que mi excompañera llevaba desaparecida. Decidí entonces poner en orden mis ideas y seguir investigando el asunto.

Entré en la página de la Guardia Civil y me fui a la sección de personas desaparecidas, no encontré a nadie que se la pareciese a Brazi, por lo tanto no constaba como desaparecida en la base de datos de este cuerpo del orden. Busqué un teléfono de contacto alternativo que figuraba en la base de datos de su operadora de móvil, no hubo respuesta.

Hablé con un buen amigo que es detective y le hablé del asunto, con mucho gusto decidió que me ayudaría investigar la misteriosa desaparición de Brazi. Empezamos por hacer un esquema espacio temporal del tema.

03 octubre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 6)

Llevábamos ya varios días instalados en el piso, Berte y yo, cuando los caseros decidieron venir a casa para vaciar la habitación de Brazi. Vinieron a golpe de lunes, después de que yo saliese de trabajar, a limpiar aquel desastre que se hacía llamar cuarto. A las seis y media sonó el timbre, el piso olía a café recién hecho y yo estaba en el salón haciendo tiempo hasta el momento de su llegada. Les abrí el portal desde el telefonillo y ya dejé la puerta del piso abierta, no tardaron mucho en acceder al piso pues no me había dado tiempo a ponerme con lo que estaba antes de su llegada.

Pedro fue el primero en entrar y me dijo que traía compañía, Teté (su mujer), venía con él para desalojar la habitación de Brazi. Cuando abrió la puerta de la alcoba, la casera no pudo más que expresar "¡asco de mujer!". Sin duda alguna, de todas las personas que habían visto aquel desastre, ella era la que más se había escandalizado. Entró esquivando lo que estaba por el suelo, echó una visual general para saber por dónde empezar a recoger y volvió a exclamar el asco que le producía aquella situación.

Pedro tuvo que salir a hacer unos recados dejando a Teté con el trabajo de limpiar aquel estercolero. Se puso los guantes de goma, se adentró en la alcoba y compenzó el árduo trabajo que le esperaba. Cuando empezó a recoger la ropa del suelo y meterla en el maletón fué descubriendo nuevos detalles que arrojaban más intriga a la desaparición repentina de mi compañera. Yo observaba desde el umbral de la puerta como poco a poco aquel desastre iba recuperando la forma de una habitación.

Con esta tercera intrusión en la habitación de Brazi pude descubrir más detalles en profundidad sobre la penosa vida de la compañera desaparecida. Sobre la cama, además de los zapatos con tacón de infarto y alguna ropa pudimos encontrar varios blísters de pastillas, entre los que se incluían ibuprofeno y diazepam, había también una tarjeta de visita de un puticlub llamado Picardías en un pueblo cercano. En la mesilla de noche había un par de rayas de polvo blanco y un par de tutelillos de papel, unas pastillas blancas trituradas y una botella de refresco con agua y colillas en su interior. Al lado de la mesilla una botella de vino blanco vacía, la botella que había comprado hacía unos meses para cocinar y que misteriosamente me había desaparecido. En la mesa de escritorio una llave con una etiqueta que ponía "Nº29" y varios libros de los que recuerdo Dentro de cinco horas veré a Jesús; Mitos, ritos y leyendas de Galicia; otro de temática esotérica de cómo hayar la felicidad y uno de Antonio Gala sobre hayar el amor verdadero y alguno más que ya no recuerdo.

El armario empotrado estaba completamente vacío y el de color pino contenía una percha con un pantalón, de esos que apodan minishort, y un bolso estropeado y medio roto. Sobre este último armario había una carpeta semitransparente con papeles, el contrato de alquiler, la fotocopia de un libro de familia en el que constaba casada con un catalán llamado Albert y poco más. En los cajones de las mesillas de noche no había nada, en el mueble del baño tampoco. Las mantas de la camana estaban tiradas en el suelo a medio doblar, el colchón no tenía sábanas puestas, así que sacamos toda la ropa de cama y la metimos a la lavadora a alta temperatura.

La ropa de Brazi se metió toda en un maletón grande que tenía en medio de la habitación y para poder cerrarlo me tuve que poner encima de la tapa mientras Teté pasaba la cremallera de un lado a otro. Antes de llevar a cabo el cierre nos percatamos que al lado de ese maletón había unas sábanas de cama pequeña con una gran mancha, que también metimos en la maleta con la ropa. Aquella mancha enorme parecía ser de sangre.

Había una maleta más pequeña a los pies de la cama con un montón de papeles de todo tipo. Teté no pudo resistir la tentación de husmear en aquellos papeles que nos brindaron más información sobre la vida desordenada de Brazi. Entre aquellos papeles se hayaban varios partes de ingresos por urgencias al hospital. La letra de los médicos, bien es sabido, que no es muy lejible a ojos de una persona inexperta, otros médicos y farmacéuticos son capaces de descifrar aquellos mensajes. Entre aquellas letras ilegibles de los partes pudimos descifrar algunas cosas. En alguno de los partes se registraban agresiones físicas con contusiones en las vértebras y heridas en la boca; en otro se mencionaba una ingestión de pastillas en el que la paciente ingresaba grintando "me quiero morir, me quiero morir" y que posteriormente se negaba a realizarse un lavado de estómago; había también un análisis toxicológico en el que Brazi daba positivo en todas las sustancias. Además de estos partes existían también alguna denuncia ante la Guardia Civil, por robos y agresiones en diferentes partes de Vigo. Había un formulario de denuncia a medio cubrir que hablaba de una agresión sexual y un robo.

Ante el descubrimiento de estos nuevos detalles tenía un cúmulo de sentimientos: asco, pena y alivio.

01 octubre, 2011

Tras la puerta del fondo (Capítulo 5)

A mediados de agosto y con mi segunda vuelta al trabajo, me encontraba sin noticia alguna sobre el paradero de mi compañera de piso, Brazi. La mayoría de las noches que pasaba en casa lo que hacía para tranquilizar esa sensación de incertidumbre que se había despertado en mi mente, era dejar la llave traspuesta y la cadena de la puerta de la entrada al piso puesta. Por suerte, durante todos esos días no tive mayor sobresalto taciturno.

Mi rutina era sencilla, me levantaba a las siete y media de la mañana, me duchaba y arreglaba para ir a trabajar y volvía, salvo excepción, a las seis y media de la tarde. Ni por la mañan, ni por la tarde, así como tampoco por la noche, escuché ruidos en la habitación del fondo. Por la noche no se observaba luz bajo su puerta así que sólo me cabían dos explicaciones posibles: que se encontrara dentro de la habitación (muerta, inconsciente o viva) y que tendría entrado en algún momento en el que yo no me encontraba en el piso y la otra es que no estuvera allí, por lo que el abanico de posibilidades sobre su paradero se abría hasta el infinito.

Me quedé algo tranquila cuando, con el paso de los días el piso no empezó a oler mal así que la conjetura que me había montado en la mente de encontrarme un cadáver en la habitación del fondo el día que decidiese volver a entrar se disipó completamente. Pedro, el casero, me llamó aquella misma semana para informarme que quería pasarse por el piso a ver si la mujer desaparecida se había instalado o no en el piso. Quedamos al día siguiente de su llamada y esta vez, de forma lícita y normal accedimos a la habitación con una llave que tenía el casero.

No os podéis imaginar la cara que se le puso a Pedro al ver tanto desorden, echó una ojeada y vio lo que yo había visto hacía algunos días y no daba crédito a tal desorden y misterio. Yo me asomé tímidamente y me sorprendió ver que todo estaba como la primera vez que había visto el percal, no tuve ni que fingir asombro ante tal escenario desconcertante. Solo pude exclamar "¡¿Pero qué coño...?! Me mantuve en el umbral de la puerta observando el panorama mientras el casero se dio un paseo por la habitación, entonces pude ver en el suelo la nota que hacía varios días Pedro le había deslizado por debajo de la puerta, era un folio doblado que se encontraba en la misma posición en la que había sido introducido en el cuarto. Esta segunda vista del cuarto me permitió fijarme en un par de detalles más en los que no había reparado en mi primera intrusión.

Las dos maletas seguían en el mismo lugar, abiertas y desbaratadas, algunas prendas de ropa estaban por el suelo, los zapatos seguían encima de la cama, las mantas que yo le había dejado estaban en el suelo y todavía sin usar, pues guardaban su posición de doblez que yo le había dado en su día. El baño seguía sin enseres personales, había un papel que parecía una factura telefónica tirado a los pies de la cama, unos libros encima del escritorio y una botella de Kas con agua en su interior en el que floraban varias colillas. No tardamos ni cinco minutos en abandonar la alcoba, Pedro cerró de nuevo la puerta con llave. El casero solo pudo expresar su asombro y su desagrado ante el panorama hayado y se fue del piso enseguida.

Yo seguí mi vida cotidiana pensando en lo extraño del asunto, el casero decidió que iba a cambiar la cerradura del piso y sacar las cosas de Brazi de la habitación, para poner de nuevo en alquiler la habitación del fondo. Después de tanta emoción me tocó disfrutar de un fin de semana largo que aproveché al máximo con mis ahijados en mi tierra natal. Volví de mis microvacaciones casi al mismo tiempo que Berte se instalaba de nuevo en el piso para reanudar su vida académica en la ciudad olívica. Cuando le conté la historia que hasta el momento sabéis se quedó tan sorprendido como el casero el día que abrió aquella puerta. Ya llevábamos más de un mes sin saber nada de la compañera fantasma.