El blog de la zoocióloga que quería ser escritora

EN OBRAS - Este blog nació de la necesidad de sacar a fuera mi mundo interior, una herramienta que me ha ayudado a aprender a expresarme y transmitir mis sentimientos y sensaciones. Escribir me ha hecho persona y siendo persona he conseguido evolucionar hasta el punto donde me encuentro hoy, en pleno proceso de evolución.

28 junio, 2011

Imaginaciones reales

"No tengo ganas de encontrarme con cualquiera" pensó de camino a su casa. Solo tenía ganas de encontrarse con aquellos maravillosos ojos que tanto anhelaba, juntar su labios a los suyos y cerrar la puerta tras de sí. Él caminó apurado hasta llegar a su calle y al doblar la esquina miró aquella farola verde de corte clásico en la que por primera vez le había arrebatado un beso a su amada, entonce sonrió y se apresuró más todavía. Cinco casas más adelante estaba la puerta que había cruzado muchas veces enardecido de pasión, subió los tres escalones de un salto y llamó al timbre.

No se había fijado que las flores que decoraban aquel pequeño patio estaban más bonitas que de costumbre y el verde de su ojos resplandecía cegando a los caracoles del jardín. Carraspeó para aclarase un poco la voz y se acomodó el flequillo, quería estar pefecto para cuando Sasha abriera la puerta. Se escuchó el sonido de unas llaves y su corazón se aceleró por momentos, la puerta se abrió lentamente y dejó al descubierto a una mujer bellísima. De ojos grandes y verdes, labios carnosos, pelo castaño por encima de los hombros, era de estatura mediana y de una palidez casi divina. Vestía un vestido blanco sencillo que le daba por encima de las rodillas, la muchacha venía descalza y sonriente, parecía una musa. Los ojos de Leonardo se iluminaron y en su boca se dibujó una sonrisa que iluminó el lugar.

- Estás preciosa, cariño - dijo con voz sensual, se acercó a su cara y la besó en la comisura de los labios.

Sasha le correspondió con un beso inocente, pero enseguida vislumbró aquel destello provocador que tanto le gustaba, enseguida lo besó de nuevo pero esta vez dejó que sus lenguas se tocaran en un beso intenso. Leonardo abrazó a su amor por la cintura y la atrajo hasta sí, la levanto y avanzó como pudo hacia el interior de la vivienda cerrando tras de sí la puerta, justo como había imaginado... No tenía ganas de encontrarse con cualquiera solo con ella y así fue.

22 junio, 2011

¿Somos realmente libres?

Dicen que son buenos tiempos para la libertad pero yo me lo cuestiono bastante. Hablan de ella con la boca llena de orgullo y dicen que ser libres es poder hacer lo que se quiere cuando se quiere y con quien se quiere. Y yo vuelvo a cuestionarme de nuevo este término. Y como con tanta cuestión y tanta pregunta no soy capaz de disipar mis dudas a cerca de lo que es ser libre me decanto por buscar en la RAE el siginificado de tan bonita palabra (adjunto enlace: http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?LEMA=libertad).

Entonces leo la primera entrada que aparece en el diccionario y vuelvo a pensar... "Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos."

Entiendo lo que la definición quiere decir, la libertad es una cualidad inherente a cualquier ser humano (quiero pensar que cuando dicen "el hombre" en la definición lo digan como especie y no como género humano, porque sería flagrante que no contemplasen la libertad como cualidad aplicable a la mujer) que le permite obrar o no siendo responsable de lo que hace. Pero esto no es realmente así, un niño (o una niña) puede llevar a cabo una acción completamente ajeno a las responsabilidades que pueda acarrear dicho acto. ¿Es entonces libre? ¿Exime la falta de consciencia, o de responsabilidad, de la libertad? Entiendo que, según esta definición, ser libre es actuar en función de unas posibles repercusiones de un hecho que quieras llevar a cabo. ¡Esto no es libertad!

Ahora leo la segunda acepción que aparece para el término que tan de moda está: "Estado o condición de quien no es esclavo." Otra palabra que viene a mi mente al hablar de libertad es la esclavitud, era inevitable que así fuese por tantos siglos con esta práctica en el contexto de la gente rica de las sociedades occidentales (no voy a hablar de otras pues no las conozco demasiado, así que solo me limito a la que pertenezco). Como no podía ser de otra manera busco en mi recurrente diccionario la palabra "esclavo" y me quedo con las dos primeras entradas:

1. adj. Dicho de una persona: Que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra. U. t. c. s.
2. adj. Sometido rigurosa o fuertemente a un deber, pasión, afecto, vicio, etc., que priva de libertad. Hombre esclavo de su palabra, de la ambición, de la amistad, de la envidia. U

Y ahora es cuando mi mente dice ¿libres de qué? Vivimos en una sociedad en la que es imposible (o casi) vivir sin dinero y la única manera que conozco de conseguir dinero de manera honrada es trabajar (podría dedicarme a la medicidad pero es un campo, por suerte o desgracia, con demasiada competencia), como me han enseñado desde muy pequeña. Y entramos en la dinámica de "vivir para trabajar" o "trabajar para vivir" y condicionamos nuestro supuesto estado de libertad a horarios, a condiciones y cláuslas donde en el mejor de los casos un pobre diablo te malpaga y te trata más o menos con respeto y dignidad. Pero por desgracia es demasiado habitual trabajar por un sueldo mínimo en una ocupación que no nos gusta, pero que nos permite sobrevivir, para una multinacional en el que las altas esferas se vanaglorian de sus multimillonarias ganancias mientras el último eslabón de la empresa (nosotras/os) vemos inalcanzable siquiera comprarnos una vivienda digna.

Entonces nos hacemos esclavas/os del trabajo para ahorrar unas perras al final de mes (en el mejor de los casos). Cuando hemos conseguido un pequeño botín decidimos invertirlo en algo que nos haga sentirnos bien... y como nos bombardean desde todos los frentes con mensajes de que para sentirse bien hay que tener más y mejor (aunque sea prescindible cien por cien) terminamos por creerlo y decidimos, no de forma libre, comprarnos un teléfono última generación. Con nuestra nueva adquisición pensamos que hemos contratado internet porque es necesario, porque vas a estar en contacto con tus amigos las veinticuatro horas del día, que tiene GPS, cámara de fotos y mil historias más... y nos excusamos de esta manera para no sentirnos mal, porque preferimos (en ocasiones y no todo el mundo) tener un buen teléfono que comer de forma saludable. Y luego pasa lo que pasa ¡nos volvemos esclavas/os de las tecnologias!

Y toda esta historia viene a colación de algo que me ocurrió ayer. Yo fashion victim y tecnologic victim, para qué negarlo, decido probar a instalar en mi teléfono un programa que está muy de moda, el Whats App, y me intento convencer de que es una ventaja el hecho de estar comunicada con mis amigos tecnófilos víctimas también de esta aberación de programa (entenderéis por que lo tildo de aberración). Allá voy yo a investigar para poder hablar del archiconocido programa y me lo instalo sin más dilación, en cuanto arranca veo que importa todos mis contactos del móvil y me los agrupa en dos listas, los que tienen el dichoso programilla y los que no. No tardo en aprender a usarlo, por lo menos de forma básica, y veo que treinta y ocho de mis contactos están conectados, entonces saludo a dos. Es un programita de mensajería instantánea, para que podáis haceros una idea. Tras unos minutos de charla decido que ya es hora de irme a dormir y me despido, cierro el programa y dejo, como todas las noches, el móvil encima de la mesilla con la alarma puesta para el día siguiente. Varios minutos después de haberme metido en cama el móvil empieza a sonar con el tono de que ha recibido un mensaje y casi salto de la cama y pienso "¿quién coño osa molestarme a esta hora?" (podéis criticarme por dejar el móvil encendido y decirme que es mi culpa por haberlo hecho, pero confío en el buen hacer de la gente y el respeto a los horarios... y claro, así me va...). Pues resulta que ese programita ¡nunca duerme! y está siempre conectado cuando dejas el móvil encendido, me había llegado un aviso del puñetero Whats App que alguien me había dicho no sé qué... Me cabreé con el programa y apagué el móvil, por la mañana cuando me desperté con la alarme encendí el teléfono y de nuevo confié en que al no haber arrancado el programita en cuestión estaría desconectado. Para mi sorpresa minutos después mi móvil empezó a sonar ¡otro puto SMS del Whats App! Alguien me había dicho "buenos días"... No es por hablar mal pero ¡su puta madre! (la del programita, no la de la educada persona que me saludó), ¿quién coño le ha dicho al programa que esté encendido sin permiso? ¡No me gusta!

Pensé en lo horroroso que podría ser tener el programa en el móvil durante más tiempo asi que desistalé la aplicación lo más rápido que pude. No puedo imaginarme, yo que siempre tengo el móvil encendido, recibiendo avisos del programucho este a cualquier hora avisándome de que si me han dicho hola, qué tal o cualquier mamarrachada que se les ocurra decir a cualquiera de mis contactos. Me vi a mi misma pendiente de todos los "bip bip" que me podrían haber llegado durante veinticuatro horas y me escandalicé. No quiero convertirme en una de esas personas adictas, esclavas, sometidas a un aparato tecnológico... esas con las que quedas a tomar una caña y se pasan toda la conversación en la red subiendo comentarios y tweets de lo bien que están tomándose una cervecita en una terraza... así ni estás a una cosa ni a la otra. Por eso hoy he pensado en la libertad y en la esclavitud y como ya soy esclava de un trabajo que no me gusta demasiado decido no someterme por ahora al horror de estar siempre conectada.

Creo que cada vez la libertad está más lejos de ser alcanzada y más cuando condiconamos nuestra existencia y nuestros haceres a las nuevas tecnologías. Que sí, que sirven para trabajar, acortan distancias, son positivas porque nos acercan millones de informaciones, nos mantiene actualizados y mil blablás... pero estamos dejando de lado algo tan auténtico como el contacto social y humano que nos caracteriza como especie y nos distingue como individuos. La sociedad capitalista y consumista en la que nos estamos desarrollando nos hace infelices si no alcanzamos bienes materiales, si no tenemos lo que la mayoría tiene y nos hace olvidarnos de lo que verdaderamente importa. El ser humano ha sido, es y será siempre un animal social y el perder esta condición nos deshumanizará en futuras generaciones. Mientras en mi cabeza gana fuerza la idea de irme lejos de la estresada ciudad a la tranquilidad del rural, donde el ser humano es humano y los animales amigos.

20 junio, 2011

Una de mis partes favoritas de "El principito"

Fue entonces que apareció el zorro:

- Buen día - dijo el zorro.

- Buen día – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta pero no vio a nadie.

- Estoy aquí – dijo la voz –, bajo el manzano...

- Quién eres ? – dijo el principito. – Eres muy bonito...

- Soy un zorro – dijo el zorro.

- Ven a jugar conmigo – le propuso el principito. – Estoy tan triste...

- No puedo jugar contigo – dijo el zorro. – No estoy domesticado.

- Ah! perdón – dijo el principito.

Pero, después de reflexionar, agregó:

- Qué significa "domesticar" ?

- No eres de aquí – dijo el zorro –, qué buscas ?

- Busco a los hombres – dijo el principito. – Qué significa "domesticar" ?

- Los hombres – dijo el zorro – tienen fusiles y cazan. Es bien molesto ! También crían gallinas. Es su único interés. Buscas gallinas ?

- No – dijo el principito. – Busco amigos. Qué significa "domesticar" ?

- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..."

- Crear lazos ?

- Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...

- Comienzo a entender - dijo el principito. – Hay una flor... creo que me ha domesticado...

- Es posible – dijo el zorro. – En la Tierra se ven todo tipo de cosas...

- Oh! no es en la Tierra – dijo el principito.

El zorro pareció muy intrigado:

- En otro planeta ?

- Sí.

- Hay cazadores en aquel planeta ?

- No.

- Eso es interesante ! Y gallinas ?

- No.

- Nada es perfecto – suspiró el zorro.

Pero el zorro volvió a su idea:

- Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen volver bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además, mira ¿Ves, allá lejos, los campos de trigo? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Y eso es triste. Pero tú tienes cabellos color de oro. Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado. El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo...

El zorro se calló y miró largamente al principito:

- Por favor... ¡domestícame! – dijo.

- Me parece bien – respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

- Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!

- ¿Qué hay que hacer? – dijo el principito.

- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente el principito regresó.

- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos.

- ¿Qué es un rito? – dijo el principito.

- Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Entonces el jueves es un día maravilloso ! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:

- Ah! - dijo el zorro... - Voy a llorar.

- Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara.

- Claro – dijo el zorro.

- Pero vas a llorar ! – dijo el principito.

- Claro – dijo el zorro.

- Entonces no ganas nada !

- Sí gano –dijo el zorro – a causa del color del trigo.

Luego agregó:

- Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.

El principito fue a ver nuevamente a las rosas:

- Ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún – les dijo. – Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie. Ustedes son como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a cien mil otros. Pero me hice amigo de él, y ahora es único en el mundo.

Y las rosas estaban muy incómodas.

- Ustedes son bellas, pero están vacías – agregó. – No se puede morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa.

Y volvió con el zorro:

- Adiós – dijo...

- Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.

- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.

- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

- Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo.

CAPÍTULO XXI. EL PRINCIPITO. ANTOINE DE SANT-EXUPÉRY

14 junio, 2011

De limitaciones, ataduras y otras estacas...

Hace tiempo alguien muy especial me mandó por correo un cuento de Jorge Bucay que me ha dado bastante que pensar, El elefante encadenado.Al igual que el elfante de la historia, todo el mundo termina anclado a estacas ridículas que les impide realizarse por completo, que le coartan sus capacidades de crecimiento personal y le distraen de sus sueños. En ocasiones somos capaces de romper algunos de esos anclajes permitiéndonos movernos con más soltura, pero la mayoría sigue ahí, es una cuestión de educación muy difícil de cambiar pero no por ello hemos de dejar de intentarlo.
Durante años y desde que éramos bien pequeños las negativas de nuestro entorno han ido moldeando nuestras personas, los ánimos y desalientos de nuestros parientes cuando soñábamos con alcanzar la luna, cuando soñábamos con ser bomberos o simplemente con tener una granja llena de animales. Nos dijeron NO cuando quisimos apuntarnos a una clase de equitación porque era una bobada y no serviría para mucho, nos dijeron SÍ a natación porque se ahorrarían el trabajo de enseñarnos a nadar; nos dijeron NO cuando quisimos soñar despiertos y nos abrieron los ojos a base de bofetadas, unas reales y otras figuradas... Y esos NOS nos marcaron profundamente, minando nuestra autoestima como personas... Nos dijeron "esto no se hace", "esto no se dice" basándose en que debíamos ser "Señoritas" en nuestro caso y en el de los hombres le recalcaron que "los hombretones no lloran por tonterías, no juegan con muñecas" y muchos más blablablás. Cada una de estas negativas fue una estaca que nos sujetaron las patas al igual que al elefantito de Bucay. Pero a diferencia de este paquidermo nosotras somos dueñas de nuestra consciencia y debemos darnos cuenta de algunas de las limitaciones a las que estamos sometidas si queremos romperlas y avanzar.
No debemos tirar la toalla sin siquiera habernos puesto a intentarlo, si queremos... ¡podemos! Así que patada a la estaca y a seguir creciendo, soñando y no dejarse vencer por los pesimismos. ¡Podemos! ¡Puedo! ¡Puedes! ¡Todo es ponerse y los resultados hablarán por si solos!
No somos elefantes, ni siquiera somos de la familia paquidermo y las ataduras no son físicas sino mentales y en ocasiones esas son más difíciles de romper pero como he dicho anteriormente, no podemos rendirnos. ¡Adelante, hasta el infinito y más allá!

10 junio, 2011

Querido ex-jefe

Llevo más de tres años intentando que me pagues lo que me debes por las buenas pero está visto que prefieres hacer como que no pasa nada. Durante mucho tiempo me he callado y ¿sabes? ¡estoy harta! He trabajado en tu empresa durante mas de un año, y por lo que me diste a entender a mí y a los clientes de la tienda, estabas contento conmigo. Pero te diré una cosa, de las buenas palabras no se vive porque si así fuera África no sería un continente rico de gente pobre.

Sé que legalmente no me queda mucho por hacer, pues ha pasado mucho tiempo pero eso no hace que me olvide de que la última nómina no me la pagaste y me fui de muy buena fe con la esperanza de que me pagarías. Está claro que lo de la responsabilidad laboral no es lo tuyo, ahora agachas la cabeza cuando te cruzas conmigo por la calle (¿a caso se te cae la cara de vergúenza? ¿No? Pues debería caérsete por impresentable). Por suerte o por desgracia Ogrobe es un pueblo muy pequeño y bueno, el mundo en general es un pañuelo, por eso sé que además de a mí le debes dinero a mucha más gente (sin hablar de los que fueron distribuidores de la tienda que también me constan tus pufos, tengo amigas en dos de los mayoristas de Vigo con los que trabajamos en su momento).

Durante mucho tiempo permanecí callada, como si tuvera que avergonzarme de algo pero para mi tranquilidad yo no le debo nada a nadie y siempre he cumplido con mis responsabilidades laborales. Escribo estas palabras a modo de email, de nota en el facebook y posiblemente también lo suba a varios blogs y foros para divulgar que me siento estafada. Ya es hora que deje de pensar en ti y que piense en mí así que no me voy a callar ni una palabra y voy a llamar las cosas por su nombre. Eres un MOROSO, un PUFERO y yo soy una ESTAFADA, una IMBÉCIL por haber creído que me darías aquello que es mío y que trabajé con el sudor de mi frente.

Mi sueldo en esta tienda era de 700€ (que no me quejo porque así lo pactara con el que fue, sin duda, el peor jefe de la historia) y de la última nómina no vi ni un céntimo. Me fui de Ogrobe para trabajar en Vigo,y unos meses después de mucho reclamar conseguí que me pagase unos míseros 200€ que me entregó en la puerta de Ocobrix por insistencia, y me dijo que me acabaría de pagar el resto el mes siguiente. Y ¿sabéis una cosa? Sí, aún sigo esperando por los 500 euros restantes. De esto ya han pasado tres primaveras, ha vendido una parte de otro negocio que tenía a medias, ha trabajado en otra tienda de informática de Ogrobe y ¡no me ha pagado ni un duro!

Ahora me da igual que se enteren en tu casa o en tu barrio, todo el mundo debería saberlo y yo no pienso callar máis. Escribo desde la decepción, desde el enfado y la frustración y lo que más me jode es la decepción que me llevo contigo como persona, porque un día te consideré mi amigo (a nivel personal nunca tuve quejas y lo sabes pero a nivel profesional, contigo como jefe prefiero estar puteada como estoy ahora en una multinacional pero pagan a final de mes).

Y para terminar recordar que no has contestado a mis llamadas (que dejé de hacerlas hace tiempo), a mis SMS, a mis correos electrónicos y ni siquera a mis miradas me contestas, que escondes la cabeza como un cobarde. ¡Que se entere todo el mundo ME DEBES DINERO!

Cuando escribí esto a modo de nota en mi perfil de FB, la liebre saltó y se identificó sin dejar la menor duda de quién era el individuo al que le había dedicado estas palabras. Como bien decía mi abuela "quien se pica... que se joda". Ya han pasado unos años desde que ocurrió este desencuentro, entonces yo me fui de muy buena fe con la esperanza de que pronto se me abonaría un dinero que es mío, que yo trabajé con el sudor de mi frente, pero se me pagó con desprecio, ignorando mis palabras en persona, mis llamadas, mis SMS y mis correos electrónicos. Y cuando por fin decido destapar el cuento (que si no lo hice antes fue porque pensé demasiado en la repercusión que podía tener sobre sus más allegados en lugar de pensar en mí) me contesta dejándome como una ladrona, diciéndome que me he llevado material informático de la tienda sin pagar (pues le recuerdo al individuo este que en su ordenador tiene una copia de una hoja de cálculo donde iba apuntando las cosas que me llevaba y descontándome del importe de las nóminas no abonadas en el transcurso de mi trabajo - que llegué a acumular tres seguidas -).

Lo más curioso de todo el asunto es, que tras haberme puesto por ladrona cuando tuvo la necesidad de contar con mi colaboración en otro negocio que montó a medias con un amigo, no dudó en hacerlo. Y discúlpenme si pienso que cuando dejas a alguien de ladrón, o tienes sospechas de que lo es, no lo contratas un año después para algo puntual como es el aumento de la producción en temporada veraniega. No sé a lo mejor es que me falla la lógica y pienso que cuando desconfías de alguien de esa manera no vuelves a brindarle una oportunidad laboral en la vida, pero ya os digo que igual es cosa mía... Otra cosa que dijo es que yo había faltado muchísimas veces al trabajo por ir a visitar a la que entonces era mi novia (una mentira como un templo de grande, lo podría constatar esta persona) pero no mencionó jamás las veces que fui fuera de horario, que propuse y arrimé el hombro para hacer reformas en la tienda fuera de mis horas y en días libres, que fui a trabajar con un esguince de tobillo por no coger una baja y dejarlo colgado con todo el trabajo acumulado el taller, que no tuve vacaciones durante todo el tiempo que estuve contratada con este individuo, que colabore a la vez que trabajaba en la tienda de informática con el negocio de publicidad que tenía... y así mil cosas más.

Y esto que os cuento no es ninguna mentira, sé de buena tinta que sigue debiendo dinero, al menos, a dos distribuidores informáticos de Vigo porque tengo amigas trabajando en esos lugares. Tanto para estos distribuidores como para mí ha pasado el tiempo de reclamaciones y ahora no nos queda más que "ajo y agua" pero lo que no voy a hacer es quedarme callada respecto al tema. Y el día que me lo encuentre por la calle seguiré como hasta ahora, lo miraré fijamente mientras él seguirá bajando la vista y agachando la cabeza y además haré algo más, me acercaré y le pediré que me diga eso que se ha inventado a la cara, porque yo duermo tranquila y mi conciencia éstá bien limpia.

06 junio, 2011

¡Estoy harta!

Estoy harta de ciertas cosas que se me antojan cada día más molestas. Para empezar me molesta la gente que pretende juzgar mi vida. Odio a esas personas cuando, desde el desdén de la superioridad de la que se creen poseedoras, emiten por sus bocas pastosas cualquier tipo de opinión a cerca de mis acciones en la vida sin siquiera haberse parado a juzgar la suya propia.
Estoy cansada de tener que callarme cuando algo me parece mal por no llamar a la gente por su nombre (y no hablo del nombre de pila precisamente) porque si son gilipollas debería decírselo y no callarme y tragarme esas ganas de decir cuatro verdades.
Estoy harta de ver como a veces la gente (entre ella me incluyo) se regocija en sus días grises haciendo que crezca un sentimiento de apatía. Estoy agotada de no ser capaz de controlar los síntomas físicos de una ansiedad provocada por cosas materiales. Quiero dejar de preocuparme por el dinero y depender de él de una forma psicológica tan grande que me quita el sueño. Estoy cansada de soñar con el despertador y que me despierto acelerada por no llegar a tiempo. Sueño eso y me despierto y eso me agota mentalmente.
Estoy harta de ver como la gente se mete puñaladas traperas en el ámbito laboral, por delante cara bonita y por detrás "ostias como panes". Estoy harta de tanta hipocresía, de tanta tensión, de tanto estrés, de tanta tontería. ¡Empiezo a estar harta de tener que estar harta!

03 junio, 2011

Horizonte y Sol, unha historia casi increíble

Dicen por ahí que la gente a la que nos gusta los atardeceres somos almas tristes. Comentan que es el momento más triste del día y la gente se sienta ante la puesta de sol a añorar tiempos mejores, a soñar y a dejarse embriagar por la melancolía. Como amante de los atardeceres me siento ofendida, si bien es cierto que algunos ocasos se antojan tristes no podemos generalizar y decir que todos lo son. Es una aberración tachar de triste uno de los momentos más hermosos del día.
Una puesta de sol nunca resulta idiferente, hay quien se deja ensombrecer por la tristeza, hay quien sueña con tiempos mejores (pasados o futuros), hay quien no se para a observarlos y no aprecia el bello momento pero sin duda el día que se paran a contemplarlo sienten cosas. Hay muy poca gente (por lo menos que yo conozca) que, como yo, sepa el porqué del ocaso. Yo lo sé y os lo voy a transmitir a modo de confidencia, contadlo solo a aquellas personas que son capaces de apreciar pequeños detalles de la vida...
El Sol busca en la intimidad de su ocultación el momento para reunirse con su amante el Horizonte. A medida que desciende tras el horizonte se toca suavemente con su amor, es un momento corto pero intenso por eso el cielo se tiñe de esos colores tan especiales y contradictorios, una mezcla de rojos, naranjas, azules y violetas. Se ven todos los días un breve periodo de tiempo, pero nunca faltan a su cita y los días de nubes es cuando corren un tupido velo para tener más intimidad porque las caricias de amor que se profesan mutuamente son censuradas a nuestros ojos por los propios protagonistas.
Siempre que puedo observo en silencio el espectáculo más maravilloso del día, el reecuentro de dos amantes antiquísimos que no faltan un día a su ritual de cortejo, es entonces cuando sonrío porque me alegra saber que dos seres siguen adelante, indiferentes a la mediocridad de este mundo, con su historia de amor. Recuerdo entonces esos momentos en los que yo me reencuentro con la persona amada, y sonrío de nuevo cómplice del amor entre Sol y Horizonte, porque existen paralelismos con mi vida, yo el Horizonte y ella el Sol.

02 junio, 2011

He olvidado tu aroma

Hace días que algo me preocupa más allá de mis "pajas mentales", a penas puedo recordar tu olor. Ese aroma dulce y embriagador que con solo imaginarlo me hace perder la cabeza. Hace días que me pierdo entre mis cosas intentando encontrarte de nuevo porque ni siquiera recuerdo el motivo por el que me encuentro en medio de un caos, el desorden de mi mente.
Con cada pregunta y cada respuesta ordeno algo más mi vida y mi cabeza, y no me siento negativa a pesar de las palabras que describo, sólo me preocupa haber perdido tu aroma entre mis desórdenes y no quiero, desordenar todo por aventurarme a una búsqueda desordenada. Lo echo de menos y sé que no está muy lejos, a lo mejor sólo estoy mirando en la dirección equivocada, pero no pierdo la esperanza de volver a encontrarlo.
No quiero perder ni olvidar tu aroma pues es algo que me gusta recordar y más aún disfrutar en directo, no puedo dejar que eso dé paso a difuminar en mi recuerdo tus suaves caricias, el tacto de tu piel, el sabor de tus besos... Ojalá llegue pronto ese día en que podamos juntarnos de nuevo con una sonrisa de oreja a oreja y eclipsar al mundo con nuestros guiños.