El blog de la zoocióloga que quería ser escritora

EN OBRAS - Este blog nació de la necesidad de sacar a fuera mi mundo interior, una herramienta que me ha ayudado a aprender a expresarme y transmitir mis sentimientos y sensaciones. Escribir me ha hecho persona y siendo persona he conseguido evolucionar hasta el punto donde me encuentro hoy, en pleno proceso de evolución.

26 marzo, 2010

Capítulo III. El desayuno

Entré por la puerta de la cafetería “Breakfast” cinco minutos más tarde de la hora a la que se suponía que habíamos quedado Julia y yo, me senté en la mesa del rincón, donde solíamos hacerlo cada mañana. Como de costumbre Julia llegaba tarde y su media hora se convertirían en cuarenta o cincuenta minutos, puede que quizás una hora entera. Cogí uno de los periódicos del bar y me puse a leer las noticias de la mañana. En portada aparecía la foto de un accidente de tráfico que se había producido en la circunvalación, cerca del polígono industrial, se habían visto implicados dos coches, un turismo de alta gama de una conocida marca alemana y una furgoneta de reparto, el conductor del turismo había salido gravemente herido y el repartidor, por suerte para él, había salido ileso. Al parecer el turismo había tenido la culpa del aparatoso accidente.

Estaba leyendo los detalles de la noticia cuando alguien entró ruidosamente en el bar. Levanté la vista del periódico y pude ver al borracho de turno que buscaba más bebida para continuar ahogando sus penas, enseguida el camarero lo echó del local. Continué leyendo la noticia que describía lo que se creía que era la causa del accidente, se decía que el turismo probablemente circulaba a demasiada velocidad y al pisar un charco convertido en hielo durante la fría noche pasada, que hizo al conductor peder el control del coche terminando por impactar contra la furgoneta de reparto que venía en sentido opuesto por su carril. Hasta el momento todo eran suposiciones de los agentes de la ley que habían acudido al lugar del accidente.

Después de leer la sección de sucesos leí a las tiras cómicas, me reí y ojeé algunas noticias de política, economía y sociedad. Estaba leyendo algunos titulares en la sección internacional del diario cuando Julia apareció por la puerta apresuradamente y disculpándose por la tardanza, sin ni siquiera haberse sentado. A mí ya me habían servido el café e iba por la mitad, enseguida pidió un té con leche y una tostada para desayunar y se acomodó enfrente de mí. Nada más sentarse dijo:

- Cuéntame, pillina… ¿qué has hecho anoche tan importante como para no llamarme? – Y se rió pícaramente insinuando que yo había quedado con mi amigo y amante ocasional, pero por suerte o desgracia estaba equivocada.

- No, Julia, no he quedado con mi amiguito – resaltaba esta palabra para darle el retintín que ella había utilizado en su pregunta – que por cierto, se llama Raúl. A ver si dejas de referirte a él con todos los nombres que empiezan por “erre”.

- Entonces… ¿simplemente saliste tarde de la oficina tan cansada que ni una cervecita te apeteció tomarte conmigo?

- Básicamente salí de la oficina tarde y se me olvidó llamarte, iba pensando en el documento que me habían pasado para revisar antes de publicar… -hice una pausa - De camino a casa me pasó algo extraño, cuando iba atravesando los callejones por los que atajo… ¿sabes a cuales me refiero?

- Sí, esos por los que una mujer normal no pasaría a altas horas de la noche por precaución… esos en los que en ocasiones pasan cosas… digamos, raras… o más bien ilegales.

- ¡Bah! – dije quitándole hierro al asunto – no es tanto como lo pintan, en el tiempo que llevo trabajando contigo sólo he visto a algún chaval trapichear con hierba o hachís en el callejón, así que no son tan peligrosos como te crees. Pero a lo que iba, ayer cuando volvía por ahí tuve la sensación de que me seguían, me sentí observada y perseguida – contaba mientras daba un sorbo a mi café, paré unos segundos y continué – a pesar de esa sensación… que reconozco que me he asustado un poco… ocurrió algo bueno, un ruido me asustó bastante pero cuando me acerqué para descubrir qué ocurría me encontré un gato negro de a penas unos siete meses. Decidí adoptarlo y me lo llevé a casa.

- Pero Alice… sólo a ti se te ocurre llevarte a casa al primer ser desvalido que te encuentras en tu camino… y después de un susto como ese – sonrió y me miró con un gesto de desaprobación y siguió – si hubiese sido yo aún estaría corriendo ahora. Y para colmo te llevas a un gato cotroso, sucio y asqueroso a casa a la primera de cambio.

Sabía perfectamente que a Julia no le gustaban los gatos, y mucho menos los callejeros, pero al fin y al cabo era mi vida y yo decidía con quien compartirla, también sabía que me decía aquello para que me deshiciera de mi nuevo amigo. Dejó de criticar a mi nuevo amigo cuando continué por contarle la sensación de sentirme perseguida hasta mi casa, le dije además lo de la sombra en el parque de enfrente de mi casa y el susto nocturno que Shadow me había dado al romper el vaso.

- Pues sí que te pasan cosas raras a ti últimamente ¿no? El otro día con las llamadas esas, las que al descolgar no tenían respuesta, sólo silencio. También están los faxes en blanco que llegaron a la oficina… ¿serán coincidencias? – Me decía Julia algo preocupada. – no sé si deberías comentárselo a la policía, no vaya a ser un perturbado acosador que quiere hacerte daño.

- ¡No seas exagerada!, no creo que sea para tanto, lo de los faxes seguro que fue un error, las llamadas… hay mucho gracioso suelto por ahí, incluso podría haber sido algún compañero de la oficina… yo qué sé… tampoco creo que deba preocuparme mucho. - dije en tono algo humorístico para evitar preocuparla más y empezar a preocuparme seriamente a mí misma.

- Yo no estaría muy tranquila… mucha coincidencia junta para mi gusto y estos temas me ponen la piel de gallina… mira nena, no lo quiero ni pensar. Sabes me preocupo por ti, eres una de mis mejores amigas, y por supuesto no quiero que te pase nada malo…

Continuamos un rato más con la conversación de lo acontecido durante las últimas veinticuatro horas. Le comenté el tema del sobrecito, le dije que contenía una llave azul y un mensaje ilegible. Me pidió verlo así que se lo enseñé, se sorprendió al ver la llave que era un tanto extraña y su color le había llamado la atención. Sin duda le llamó más la atención el dibujo a pié de nota.

- Este dibujo me suena de algo, creo que lo he visto en algún sitio pero ahora no puedo recordar dónde – dijo intrigada mirándome fijamente, me devolvió la llave y se quedó de nuevo observando el dibujo pensativa. - ¿dónde habré visto yo este dibujo antes?

- No lo sé, Julia, no estoy metida en tu mente… tú eres muy despistada pero seguro que te acordarás en el momento menos esperado, como siempre… - nos quedamos unos segundo más mirando el dibujo por si a Julia le venía la inspiración y se acordaba de dónde podría haber visto ese símbolo.

El dibujo era como un ojo o un pez con un círculo en su interior, rodeado por lo que suponía que era una elipse que envolvía el centro de lo que yo suponía que era ese cuerpo de un pez a la que me refiero. Me recordaba un poco a una arroba pero en lugar de encerrar una “a” en su centro encerraba esa forma característica del cuerpo de los peces que dibujan los niños pequeños o la forma que dibujan los párpados sobre el globo ocular. Debajo de esta especie de arroba había dos ondas, una encima de la otra. Pensé a lo largo del café en qué podría significar este mensaje misterioso. Nos quedamos charlando un rato más sobre el tema hasta que llegó la hora de entrar a trabajar, hicimos suposiciones sobre el significado del mensaje, incluso llegamos a bromear con que ese mensaje podría ser de una momia egipcia que había despertado y buscaba venganza, era nuestra forma habitual de quitar importancia a las cosas (ridiculizarlas hasta tal punto que resultara imposible creerlas). Lo cierto es que el dibujo podía parecerse un poco a algún símbolo egipcio. Tomamos el café, guardé el sobre y su contenido en el bolso, nos levantamos y nos fuimos a la oficina.

24 marzo, 2010

Cambios y otras cosas

Pues como venía siendo habitual en mi vida, sigo con los cambios. Hace unas semanas había cambiado algunos detalles del blog, pero al fin al cabo seguía siendo lo mismo. Cinco años con los mismos colores aburre un poco, aunque creo que no haya nadie que durante todos estos años me haya seguido asiduamente. Conservo admiradores del instituto cuando escribía aquella pequeña saga llamada "Vacaciones" que tengo por casa, puede que las recupere y haga una sección por capítulos para publicar aquellas locas historias que escribía en clase en lugar de atender al profesor de turno.

Estos son mis cambios, nuevos colores, nueva cabecera y algún que otro gadjet. Espero que después de tanto cambio todavía sigáis reconociendo a esa Lupi Luke que llevo dentro, que tanto ha cambiado desde que escribía "Vacaciones" pero cuyos principios básicos siguen siendo los mismos "lo que no quieras para ti no lo quieras para nadie", "haz siempre lo que te dicte tu corazón" y mi última incorporación desde que alguien me está ayudando a expresarme "hablando se entiende la gente".

Por último no quería dejar de decir que hace tan solo unos días descubrí una canción que no conocía y que dice algo que me ha tocado el alma. Quiero decir a esa persona, que además es una de mis lectoras "te amaré mejor porque mucho y demasiado es un error".

PD: Próximamente capítulo III de mi historia sin título.

23 marzo, 2010

En racha

Como estoy en racha, no quería dejar de escribir un artículo hoy. He comenzado a escribir lo que puede ser mi primera novela con gancho, no es la primera del todo porque he empezado hace años a escribir una historia que no he llegado a terminar.
¿Quién no ha intentado o al menos soñado con escribir un libro? Muchos guardarán en sus cajones un ejemplar impreso del borrador del libro de su vida, aunque ahora con esto de la era de la informática, lo más seguro es que ese libro esté guardado en un disco duro, en una carpeta perdida de las tantas que se crean al instalar un sistema operativo.
Me gustaría decir de qué va la novela, pero como la escribo casi sobre la marcha no os puedo adelantar acontecimientos. Ya tengo el tercer capítulo en el tintero, preparado para ser revisado y publicado en los próximos días, ahora estoy trabajando en el cuarto pero no quiero hablar de eso. Quería deciros que estoy en racha, que he escrito más proporcionalmente en lo que va de año que en todo el año pasado, si sigo a este paso en abril ya habré batido el número de artículos publicados. Así que como decían en Toy Story, "HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ".

22 marzo, 2010

Capítulo II. La mañana siguiente

Me desperté sobresaltada cuando sonó un ruido de algo que se caía al suelo, me incorporé enseguida, encendí la luz de la lamparilla y escuche mi respiración. El ruido me había vuelto a sobresaltar el corazón por segunda vez en aquella noche, había sonado como un vaso o algo de cristal que se rompía contra el suelo. Me puse las zapatillas y me levanté, caminé despacio sin hacer ruido comencé a andar hacia la cocina, el lugar donde creía que había sonado el ruido.

Mi habitación daba a un pequeño pasillo que comunicaba las diferentes estancias de la casa con el salón, pasé por delante de la puerta de mi estudio y miré hacia adentro, no había nada raro allí. Al fondo del pasillo estaba el aseo que tenía la puerta cerrada, sabía que el ruido no provenía de aquel lugar así que entré en el salón sin más preámbulos de forma sigilosa y pude ver que Shadow no estaba en el lugar que había elegido por cama. El salón se comunicaba con una pequeña cocina a través de barra que hacía las veces de mesa entre ambas estancias. Se accedía a la cocina por una puerta de vaivén situada a la derecha de esta barra. Me acerqué y miré a través de la ventana de la puerta hacia adentro de la cocina, había algo roto en el suelo, probablemente un vaso. Ni siquiera había tenido que encender la luz para confirmar que me pareció al asomarme. Era el que había dejado en la encimera al lado de la única planta que tenía en la cocina antes de irme a dormir. Al entrar pude ver a Shadow algo asustado escondido debajo de un taburete, al acercarme a él corrió hacia mí, se frotó contra mis piernas y luego maulló mirándome como pidiendo perdón por aquel desastre. Miré hacia la planta y pude ver que el gato había estado hurgando en la tierra de la pequeña maceta. ¿Cómo no había caído en la cuenta antes? Los gatos necesitan un lugar con arena o tierra a modo de baño y con el cansancio con el que había llegado a casa ni siquiera me había parado a pensar en eso.

Miré el reloj que se encontraba en la pared de la cocina y marcaba las tres y diez, era demasiado tarde para buscarle una solución definitiva a las necesidades fisiológicas de mi recién estrenado compañero de piso, así que improvisé una solución provisional. Cogí la caja de cartón que había seleccionado en un principio como cama para Shadow y le saqué la toalla, me fui al balcón y sustraje un poco de tierra de un pequeño arbusto que tenía en una gran maceta. Volví a la cocina con la escoba y el recogedor para limpiar los cristales del suelo, estaba claro que Shadow había tropezado con el vaso al querer utilizar la pequeña planta como baño. Dejé a Shadow con su nuevo baño provisional en la cocina y comprobé que todavía tenía algo de comida y agua así que volví a la habitación, me metí en cama y volví a dormirme. Pensé en lo curioso del día, había conocido a Shadow horas antes y ya me había dado dos sustos de muerte, cerré los ojos y me adentré en el mundo de los sueños.

Sonó el despertador, eran las siete en punto de la mañana, me estiré en cama bostezando, volví a bostezar y me estiré de nuevo, luego un par de veces más y me levanté de cama. Fui a la cocina y puse a hacer café, Shadow estaba pululando por casa intentando descubrir los secretos de su nuevo hogar. Lo miré mientras preparaba la cafetera para hacer el desayuno y le sonreí, él me miró desde el salón por encima de la barra que separaba ambas estancias. Mientras el café se estaba haciendo me metí en la ducha y mi compañero peludo me siguió por el pasillo hasta mi dormitorio, olisqueó todos los rincones de la casa y mientras yo espabilaba bajo el agua de la ducha, él se dedicó a seguir investigando el lugar. Cuando salí ya vestida de la habitación me encontré a Shadow quieto frente a la puerta del aseo al final del pasillo y de vez en cuando acercaba su hocico para oler lo que para él era un misterio. Le abrí la puerta para que siguiera conociendo su nuevo hogar y el entró sigiloso a conocer baño pequeño de mi casa que ahora también era la suya.

Me tomé un café bien cargado y sin azúcar, quería empezar la mañana con energía y mientras bebía el café escuché un ruido en la puerta principal y luego unos pasos escaleras abajo, me asomé al salón y pude ver un sobre blanco en el suelo, que alguien había colado allí, específicamente para mí. Por un momento me volví a sentir incómoda, recordaba la sensación de anoche cuando me sentía observada y perseguida por el callejón. Durante un instante no supe reaccionar, no sabía si acercarme sin más dilación y ver qué contenía el misterioso sobre o hacerme un poco el avión durante unos minutos y fingir que no había visto nada para evitar sentirme incómoda por tener la sensación que acechaban en mi propia casa. Mientras dudaba qué hacer sonó el teléfono, cogí el terminal inalámbrico y contesté al segundo tono de llamada:

- ¿Hola? – dije tímidamente.

- ¡Hola! – contestaron animadamente al otro lado - Trabajaste hasta tarde y no me llamaste al final ¿eh? ¿O quizás tuviste una cita, gamberra? Quiero pensar que has quedado con ese amigo tuyo, ¿Ramón? ¿Ricardo?... No recuerdo su nombre, ¡qué memoria la mía!

Era mi amiga y compañera de trabajo Julia, había olvidado por completo que había quedado en llamarla el día anterior al salir de la oficina para ir a tomar una cerveza y ponernos al día con nuestras cosas. Tardé un par de segundos en reaccionar:

- Perdona, se me fue el santo al cielo… salí tarde, ya sabes como es esto… y bueno, mientras volvía a casa me pasó algo extraño… fue… fue… no sé cómo describirlo, creo que deberíamos quedar y te lo cuento con más calma, ¿has desayunado ya?

- No, podemos ir a la cafetería que está al lado de la oficina ¿qué te parece? En media hora estoy allí. – No me dio tiempo a despedirme, ya había colgado ahora no tenía excusa tenía que ponerme en camino cuanto antes para llegar en el tiempo que me había dado mi amiga.

Terminé de vestirme, me calcé, cogí el bolso y el abrigo y me dispuse a salir, cuando me acerqué a la puerta vi de nuevo el sobre en el suelo. Se me había olvidado por un momento que tenía un misterioso sobre esperando por mí en la puerta. Shadow se había acercado y lo estaba olisqueando, le daba tímidamente con la pata porque tenía curiosidad él también. Me quedé unos segundos viendo al felino tocarlo con suavidad, me hacía gracia y eso le quitó relevancia a la incomodidad que había sentido al ver el sobre misterioso.

Miré el reloj, habían pasado quince minutos desde la llamada de Julia, pensé en que al gato le hacían falta unas cuantas cosas para el desarrollo de su vida diaria: una cama, comida, arena absorbente para gatos, un rascador de uñas y unos cuencos para la comida y agua y quizás algo más. Por ahora tenía una solución provisional para la cama y baño de mi compañero, le llevé la caja con tierra para el aseo y le enseñé dónde se lo dejaba para que pudiera volver a utilizarlo si fuera necesario, rellené con el pollo que quedaba todavía en la nevera el plato en que le había puesto la cena la noche antes, cambié su agua y me dispuse a salir.

Recogí el sobre del suelo antes de salir por la puerta y eché un ojo a su contenido, era una pequeña llave azul y una nota casi ilegible, tenía una especie de dibujo o figura dibujada al final de lo que se suponía que eran un mensaje. La metí en el bolso y salí a la calle dejando a mi compañero peludo por primera vez solo en el piso con la esperanza de que no rompiese nada más del domicilio.

20 marzo, 2010

Capítulo I. Shadow

Anoche, cuando volvía a casa del trabajo sentí como si algo o alguien me siguiera en la sombra. Acostumbraba a salir tarde de la oficina y tomaba el camino más rápido a través de unos callejones algo oscuros y estrechos. Cuando la niebla se paseaba entre las calles solía ir por las principales porque los callejones estrechos y oscuros por los que, casi cada noche volvía a mi apartamento, se volvían más angostos y claustrofóbicos.

Había salido tarde de la oficina, serían las once, o puede que quizá algo más tarde, la noche estaba despejada pero hacía bastante frío así que abroché los botones de mi abrigo, me puse una bufanda y me lancé a la calle. A penas pasaban coches, era pleno invierno y la gente solía recogerse temprano en aquel pueblo costero donde me habían destinado hacía ya dos años. Crucé la carretera principal con el semáforo en rojo porque en aquel momento el pueblo parecía fantasma, los edificios de esa calle eran básicamente de oficinas y las luces en su interior estaban casi todas apagadas. No pasaba ningún coche por la calzada, me paré delante del escaparate de una inmobiliaria a ojear algún anuncio de pisos en venta pero no había ninguno de mi interés, así que continué mi camino. Anduve una manzana por la calle principal y me metí por un callejón que solía utilizar como atajo, había poca luz y alguna de las pocas farolas que se encontraban a lo largo de mi travesía por esas callejuelas estaba fundida o a punto de hacerlo.

Me gustaba la sensación de sentirme única en la noche, respirar el aire frío que quemaba mis fosas nasales con cada inspiración y ver el vapor que salía de mi boca como si estuviese fumando un cigarrillo, era un recordatorio de mi época de fumadora. Avanzaba con paso firme por mi camino habitual cuando pude oír un ruido que no pude identificar así que me paré, giré la cabeza y busque algo sospechoso entre las sombras. El resplandor de unos ojos brilló a escasos metros de mí, no podía identificar aquel misterioso resplandor y por un momento me asusté, metí la mano en el bolso en busca del spray de pimienta que me habían regalado unos amigos tras ser atacada en un robo que resultó fallido años atrás. Volví sobre mis pasos y busqué entre las sombras el porqué de aquel resplandor, cuando me acerqué se oyó un ruido fuerte de algún objeto que se caía cuando el misterioso ser pretendía ocultarse entre cajas de madera y contenedores que se amotinaban en esa esquina del callejón. Al acercarme pude ver aquel animal misterioso, era un gato asustado, solté el spray que tenía agarrado con la mano derecha todavía en el bolso y la saqué para acercarla a aquel felino como muestra de afecto y compasión.

Ya me había relajado cuando identifiqué el origen de mi miedo momentáneo originado por la incertidumbre de no saber que se ocultaba tras las sombras y que ahora se había visto sustituido por compasión. Compasión por aquel animal abandonado y desnutrido, asustado por el sonido de mis pasos y de mi presencia aquella noche en el callejón. Al principio asustado y desconfiado me miró, se apartó un poco más de mí y por momentos se vio acorralado, entonces bufó y aparté mi mano. No pretendía intimidar a aquel felino majestuoso y elegante que suponía su condición de gato, pese a su aspecto harapiento y sucio seguía siendo un félido. Recordé entonces que tenía un sándwich mixto que no me había tomado a media tarde, lo saqué de su envoltorio y el relleno se lo ofrecí en pequeños trocitos a la humilde criatura gatuna. Al principio la desconfianza le mantuvo alejado de mi mano, por lo menos había dejado de bufar, sólo era cuestión de tiempo que el hambre pudiese con la desconfianza. Avanzó lento pero seguro, primero un paso y luego otro hasta que su hocico se acercó al jamón que tan amablemente sostenía en mi mano, lo lamió y en cuanto saboreó la comida se acercó más. Cuando devoró el trozo que tenía en mi mano maulló pidiendo más, así que hice lo oportuno y le di todo el relleno del sándwich.

Cuando terminó de comerse mi merienda acaricié al gato que se dejaba tocar en señal de agradecimiento, lo cogí en brazos y me lo llevé a casa. Continué caminando por el callejón y a la altura de una farola que se apagaba por momentos volví a sentir de nuevo la sensación de estar siendo observada, giré la cabeza para comprobar que no había nadie y el gato maulló, sentí unos pasos que se alejaban corriendo en la oscuridad, miré al felino y decidí ponerle un nombre. “Te llamaré Shadow” le dije y continué andando con mi nuevo amigo en brazos.

Llegué cansada a casa, busqué algo más que darle a comer a Shadow y le puse agua. Tenía sobras de pollo así que se las di, ahora ya nunca más me sentiría sola en mi apartamento porque tenía compañero de piso. Busqué una toalla pequeña que puse de colchón en una caja de cartón de unas botas que había comprado semanas antes. Quería ofrecerle un lecho cómodo a mi nuevo compañero de piso. El gato obvió su nueva cama y se subió al sillón individual en el que solía sentarme a ver la tele, se acurrucó encima de un jersey mío, supongo porque querría sentirse cómodo con un olor conocido. Un olor que había conocido en mis brazos de camino a casa hace escasos minutos. Se durmió allí mismo.

Yo me metí en la ducha y me puse el pijama, me asomé a la ventana y miré hacia la calle. Entre los árboles del parque que tenía en frente pude ver una silueta negra mirando hacia mi ventana que cuando se percató de que estaba viendo en su dirección desapareció en la noche. Era obvio, no sólo había sido una sensación, ya tenía claro que alguien me estaba siguiendo. Me aseguré de que la puerta estaba cerrada, eché el cerrojo y me fui a dormir tras un día largo y con mucho trabajo, pensé que Shadow estaría contento de tener un nuevo hogar y me olvidé de la preocupación que me había generado el verme perseguida y observada.

14 marzo, 2010

Buscando la paz

Era un sábado cualquiera de un frío mes de marzo, por fin había dejado de llover y el sol brillaba en el cielo, el viento hacía tener más frío que el que realmente hacía en un lugar costero de cuyo nombre no quiero acordarme. El invierno estaba llegando a su fin y la primavera empezaba a notarse en el ambiente, los brotes nuevos asomaban tímidos en los árboles que el inverno había desnudado a su llegada. Me gustaba contemplar dichos brotes decorando en tonos rosas y verdes el color oscuro de los de los troncos de los árboles caducos, pues significaba el incio de un cambio.
Hacía ya una temporada que necesitaba un cambio en mi vida, había permanecido atenta a las señales del destino que pedía a gritos cambiar determinados aspectos de mi vida, los sencillos brotes que salen con el comienzo de la primavera eran otras de la señales a tener en cuenta. Con el cambio de estación llegaban a mi vida cambios significativos, necesitaba urgentemente cambiar de trabajo y de piso, tenía que cambiar ciertos hábitos de mi vida como el sedentarismo y hacer algo más de vida social. Hacía tiempo que había perdido la motivación laboral y por mucho que intentaba escribir cosas nuevas no hayaba temática nueva sobre la que escribir.
En los últimos días me había dedicado a bucear en textos antiguos, relatos, poemas y demás historias que había escrito hacía años. Necesitaba momentos de paz y de inspiración así que había llegado el momento de ausentarme de la vida social de las cafeterías y adentrarme en los sonidos de la naturaleza, para eso me fui a la playa con un libro y una mantita para tumbarme a leer. Como errar es de sabios, o eso dicen los que se equivocan mucho para sentirse mejor, erré en mi primera elección, me dirigí a una playa orientada al norte y me senté en una piedra, leí algunas páginas y luego me di cuenta de porqué nunca me pongo en las piedras cuando voy a la playa, siempre hay moscas cojoneras molestando. Así que me levanté de la piedra avancé unos metros más en la arena y estiré mi mantita para tumbarme sobre ella. En un principio el viento no soplaba de forma molesta así que pude leer alguna página más pero en cuestión de minutos el tiempo se puso en mi contra y con el comienzo de la bajada de la marea se levantó un aire molesto que me hizo huír de aquella playa.
Tenía dos opciones, o quedarme en el coche a leer o marcharme a otra playa que estuviese orientada hacia el sur para evitar la molestia del viento. Opté por la segunda así que me dirigí a una playa tranquila que estaba muy cerca de la primera. Cuando bajé del coche ya noté la gran diferencia de temperatura entre una playa y otra, el hecho de que el viento no azotase de lleno el lugar hacía mucho más apacible el lugar. Esta vez no se me ocurrió acomodarme en ninguna roca, directamente me fui a la arena, detrás de una duna para resguardarme aún más del viento, estiré mi manta y me situé encima, saqué el libro de Ana Karenina y me dispuse a leer.
Esta vez había elegido bien el lugar, el sol brillaba y hacía esfuerzos por calentar el ambiente pero alguna nube traviesa trataba de frustrar su trabajo. Yo me encontraba tirada en la arena leyendo aquel libro, inmersa en la sociedad rusa en la que se movía la protagonista de la novela de Tolstoi pero el rumor de las pequeñas olas rompiendo en la arena me distraían por momentos. En uno de esos momentos que dejé mi labor de lectura pude darme cuenta de que llevaba más de una hora en total silencio, sin haber efectuado ningún sonido y no podía creerme el largo tiempo que llevaba callada. Por un momento una nube osada ocultó el sol y muy cerca una nube negra acechaba la apacible tarde, por un momento se arriesgó a soltar algunas gotas así que un gran arcoiris apareció en el cielo de repente, para entonces yo había guardado el libro en mi bolso tras haber leido varias páginas, me encontraba absorta mirando al cielo como una niña hipnotizada por aquellos colores en forma de arco. Dejé que algunas gotas acariciaran mi cara sin inmutarme, respiré hondo y seguí en silencio un buen rato. Cuando la corta lluvia cesó saqué mi cuaderno del bolso y comencé a escribir algunas líneas, líneas que me servirán de guía y de comienzo para futuros textos ya que yo siempre he comenzado a escribir por haber tenido un buen comienzo.
Varias personas paseaban por la playa, unos niños dando gritos rompieron mi silencio hasta el momento sólo roto por el murmullo de las olas y los zumbidos del viento. Hacía tiempo que no permanecía tanto tiempo en silencio, escuchando sólo los sonidos de mi entorno, volví a respirar y cuando el sol se metía en la cuna del mar a roncar decidí levantar el campamento y dirigirme en mi sola compañía a tomar un café. Continué en silencio un rato más, había estado más de dos horas sin mencionar palabra, todo un récord para mí. Entre tanto mutismo pude escuchar la voz de mis pensamientos, muchos de los cuales trataban sobre una persona muy especial que estaba muy lejos pera a la vez tan cerca que cerré los ojos para imaginar que en lugar de la lluvia era ella quien acariciaba mi cara, en esos momentos escuchaba como mis pensamientos decían añorando su cuerpo "ojalá estuveras aquí". Respiré hondo una vez más y me fui a casa con una tremenda sensación de paz que me duró hasta dormirme, como siempre pensando en ella otra vez. Aquella tarde había encontrado la paz.

13 marzo, 2010

A mi abuela, cuatro años después de su adiós

Hace ya cuatro años que nos despedimos de ti pero no te hemos olvidado. Todavía recuerdo muchos detalles y aquella última imagen entrañable que guardo de tu persona: tú en el jardín a la sombra de un paraguas negro leyendo un libro de romances. Lo cierto es que desde tu marcha las cosas no ha vuelto a ser como antes, los domingos de café entorno a una mesa se han ido perdiendo con el tiempo y las navidades ya no son lo que eran. Hemos pasado de la unión dominical semanal para el café entorno a ti para quedarnos en algún café casual algún domingo veraniego si cuadra. Aún tengo tu recuerdo muy presente y cuando vuelvo a casa los fines de semana tengo la sensación de que todavía estás por aquí, no he tenido tiempo de echarte de menos porque has estado y estarás por siempre muy presente en mi vida, y en general en la vida de la familia más cercana que compartió contigo tantos domingos y muchos otros días de la semana.
Hace ya cuatro años que partiste de nuestras vidas, dejando un vacío que no hemos sido capaces de llenar. Has muerto de forma física pero sigues viva en mis pensamientos, en mi corazón y en algunos de mis escritos. Como buena lectora que has sido, estoy segura que te hubiera gustado leer algunos de los textos que he escrito y de algún modo, si existe aquello en lo que creiste estarás al tanto de todo. Ya sabes que yo siempre he sido muy excéptica con esas cosas pero de vez en cuando te escribo por si existiera, por remota que fuera, la posibilidad de que existiera algo más allá de la muerte que pudiera conectarnos de algún modo. En algo en lo que si creo es que una persona no muere del todo hasta que se le pierde en el recuerdo y gracias a Dios (es una forma de hablar, ya lo sabes) eso no va a ocurrir mientras aquellos que te han conocido sigan viviendo en este mundo. Seguiré recordándote y te haré vivir con cada frase en la que te mencione, con cada recuerdo tuyo que añore y con cada sueño en el que aparezcas. Nunca te olvidaremos abuela Lola.

11 marzo, 2010

Hace tiempo, mucho tiempo...

Hoy, buscando entre mis recuerdos, encontré un texto que escribí cuando jamás había sentido amor correspondido, cuando mis agobios por mi orientación sexual me hacían temer al mundo. Cuando ni siquiera había descubierto el placer de amar a una mujer y dejarme ser amada. Esto debí escribirlo antes de la mayoría de edad y hoy he querido rescatarlo y añadir un par de cosas al final de dicho texto. Lo titulaba y decía así:
AMOR
"Sentir que no respiras, que algo te aprieta por dentro, sentir que no puedes pensar con razón, que no dejas de darle vueltas a tu cabeza, intentar comprender a tu corazón. Querer desear y desear. Desear estar a ti abrazada mirando el amanecer, sentir la impotencia ante la inmensidad del océano, viendo al sol despertar.
Envidiar al sol que acaricia tu cara, al viento que mueve tus cabellos y te susurra al oído. Querer ser aire para adentrarme en tus profundidades, ser fuego para evitar que sientas frío.
Amar por encima de todo, amarte y dejarme amar. Sentir tus suaves caricias sobre mi cuerpo, sentir tus dulces labios alimentando mis ganas de amar. Abrazar tus abrazos y sentirme feliz a tu lado, como si nadie existiese, como si fuésemos los únicos seres humanos de este planeta. Besarte cada vez como si fuese la última, besarte con dulzura, besarte con amor.
Dormir sintiéndote a mi lado, sentir tu presencia, tu respiración sosegada cada noche. Mi única pesadilla sería perderte pero en caso de soñarlo, sentir tu mano tranquilizadora acariciando mi cara, tu voz susurrándome al oído diciendo Te Quiero. Despertar por fin abrazada a ti. Quisiera que la última cara que viese cada noche fuese la tuya, quisiera que fuese también la primera cada mañana.
Ser amada por ti es lo único que anhelo, quisiera sentirme amando a alguien que me quiera, que me necesite, que me ame. Sé lo que es amar pero no lo que es ser amada. Intentar describir lo que siento aquí, muy dentro de mi corazón, es como intentar explicarle a un ciego de qué color es el mar.

Por aquel entonces personificaba el amor por una mujer, una mujer sin nombre, un idilio que transcurría en secreto dentro de mi mente y de mis escritos. En esa época no era capaz de admitir mi inclinación homosexual así que escribía para desahogarme a esa mujer imaginaria a la que dediqué más de un texto. Hoy, leyendo este texto me he emocionado porque al leer estas palabras pienso en las cosas que pensaba entonces y me alegro de haber evolucionado tanto. Si hoy por hoy hubiese escrito ese texto, la mujer de la que hablo tendría nombre y apellidos porque al volver a leer esas líneas no he podido evitar pensar en ella, en la persona que ha conquistado mi corazón, mi amante y amada, el sol de mi vida, el azúcar de mi existencia, la que endulza la boca con sus besos, la llamaré Fiona para entendernos.

10 marzo, 2010

Uno de mis lugares favoritos

Uno de mis lugares favoritos: estas son las vistas en un atardecer cualquiera a la Isla de Ons desde uno de los lugares que más me gustan de mi pueblo. Quisiera estar ahí, compartiendo un abrazo con ella, sintiendo su respiración tranquila y pausada a medida que sol se sigue escondiendo en el horizonte. Llamadme empalagosa, pero me encantaría compartir tantos sitios con esa persona...

08 marzo, 2010

Echando la vista atrás

Desde hace cuatro años, marzo no ha sido un mes muy agraciado para mi. Siempre que llegan estas fechas no puedo evitar echar la vista atrás y acordarme de los momentos más tristes de mi vida. Hace cuatro años tuve que despedir a mi abuela a sus 90 años de edad, entró en el cielo (ella creía en eso y por eso lo digo) por la alfombra roja.
Tal día como pero hace ya cuatro años, hoy teníamos que llevar a la Señora Lola a urgencias. Recuerdo que era miércoles y yo me iba al instituto a mis 23 años a luchar por terminar el bachillerato, además tenía un examen de matemáticas que por cierto me salió fatal. Mi abuela se había despertado y estaba desorientada, mareada y no hacía más que repetir la misma frase una y otra vez. Mientras mi madre llamaba a la ambulancia yo abrazaba a mi abuela en la habitación y le hablaba para tranquilizarla, le decía una y otra vez que se tenía que poner bien para poder celebrar su 90 cumpleaños el fin de semana que se avecinaba. Por momentos ellas reaccionaba y contestaba de forma coherente pero al momento seguía con sus frases que nada tenían que ver con la conversación que intentaba mantener con ella su nieta.
Recuerdo también que fue el comienzo de unos días muy duros, pues en cuanto la ingresamos en el hospital, tras haber pasado por el centro de salud de mi pueblo y tener bronca con uno de los médicos por negarse a atenderla, sabíamos que no la veríamos salir de nuevo. Desde entonces no hay día que no me acuerde de ella, ya sea en una conversación, a la hora de escribir o al decir "como decía mi abuela"... Pues me despido con una frase que utilizaba ella: "o que non mata, enjorda filliña".

07 marzo, 2010

Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes

Durante toda mi vida he tenido altibajos, puede que hasta hace cosa de un año hayan sido más los bajos que los altos pero intento siempre quedarme con el lado bueno de las cosas. De todos esos momentos he aprendido muchas cosas, pero sin duda la conclusión más clara y concisa que saqué de mis vivencias malas es la frase del título.
Nunca, en 27 años de vida, he sabido pedir ayuda en los malos momentos y eso me ha hecho ser como soy pero hace algo más de un año me di cuenta de que el simple hecho de saber que tienes a gente dispuesta a darlo todo por aliviarte en tiempos tormentosos me hacía algo más llevadera la carga de la tristeza. Poco a poco tuve que aprender a dejarme ayudar y todavía sigo aprendiendo porque me cuesta mucho y la única ayuda a la que sí recurro sin dudar es a la escritura. Escribir me ayuda y me alivia, a veces lloro al escribir, otras me río a carcajadas pero me hace ver las cosas desde otra perspectiva. No quiero preocupar a nadie, en mi vida el tiempo está bastante calmado, con sus nubarrones de siempre pero por mucho que se encapote el cielo, el sol estará brillando detrás de las nubes grises.
Hay una persona muy importante en mi vida que se siente triste y yo no hago más que meter la pata presionándola para que comparta conmigo parte de su tristeza. Dicen que la tristeza se contagia pero yo sé que la sonrisa también lo hace y quiero poder contagiarla, aunque sólo sea un poco de energía positiva. Decían por ahí que "una sonrisa no cuesta nada pero produce mucho" y esta es una manera de declarar públicamente que voy a apoyarla en sus buenos momentos pero sobre todo en los malos, es el momento de tenderle una mano aunque al final no la sujete, de prestarle un hombro donde llorar si lo necesita, de oírla si me quiere decir algo, de regalarle mi mejor sonrisa, mi mejor abrazo...
Ahora viene a mi cabeza aquella canción de la serie de dibujos animados La vuelta al mundo en 80 días que dice eso de "si te encuentras en peligro, sílbame... sílbame y ya voy". Ese peligro no tendría ni que ser real, si la persona de la que hablo silbase atravesaría la tormenta del siglo para acudir a su vera y ella lo sabe. Esta es la alternativa que propongo ahora ella decidirá, y decida lo que decida yo seguiré aquí, atenta a lo que pueda necesitar de mi persona.

03 marzo, 2010

Entrada provisional

Por no peder costumbre tengo que dejar constancia de que me he retrasado en mi meta de escribir al menos una entrada a la semana en el blog, pero como estoy inmersa en mi gran cambio no lo doy hecho así que dejo esto de forma provisional.